
Libro III: La Invasión
by
Luis Casanare
2010
SMASHWORDS EDITION
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ISBN: 978-1-4658-5862-7
PUBLISHED BY:
Luis Pineda on Smashwords.com
luis.casanare@gmail.com
Libro III: La Invasión
Copyright © 2010 by Luis Casanare
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A las mujeres que me amaron, … si no hubiera sido por su tenacidad, capacidad de lucha y espíritu combatiente, este y otros libros hubieran terminado mucho antes.
Luis Casanare
TABLA DE CONTENIDO
Apreciado lector, le habla el editor de este libro. Hace unos años, cuando monté mi editorial Lobo Azul, nunca esperé que, lo que en este momento estoy dispuesto a contarle, me fuera a suceder algún día. La primera vez que vi a Casanare, el autor de este libro, este tenía dos casi novelas inéditas; un ensayo y seis poemas. Ésa era toda su producción. Era un hombre alrededor de los sesenta. Vestía elegante, corbatas finas. Pero las camisas y los trajes tenían ya demasiado uso; tenía un brillo especial en sus ojos y hablaba poco. A petición de él, leí algunos fragmentos de sus casi novelas e, inmediatamente, detecté varias fallas; párrafos donde se notaba el inmenso esfuerzo del escritor por producirlos y ordenarlos. Algunos de ellos habían sido reescritos, quizá una decena de veces. Faltaba continuidad en el hilo de la trama, había excesos en el carácter de algunos personajes, se translucían los intentos de llamar la atención sobre ciertas experiencias personales atribuyéndoselas a ellos, hacía uso de frases de cajón demasiado re-utilizadas por el común de la gente… y, en fin, para mis adentros me dije, he aquí otro imbécil que piensa que a través de la escritura va a encontrarse o a encontrar verdades eternas, o que cree que, por lo menos, va a llamar la atención antes de morirse. La gente no entiende que debe primero realizarse como persona, iluminarse, entenderse, formarse y luego sí tener la osadía de escribir un libro para otros. Obviamente no se lo iba a decir; mi negocio se basa en personas que escriben cosas. Lobo Azul se había hecho famosa primero con libros para niños, y después había evolucionado hacia la novela. Pero en los últimos años la novela prácticamente había desaparecido y también sus lectores; la gente renunciaba cada vez más a tener espacios de reflexión, rápidamente se daban cuenta de que no obtenían nada con este ejercicio. Los lectores preferían entretenimientos más ligeros, y éstos los obtenían con la televisión e Internet. Lobo Azul subsistía, en gran parte, por personas que tenían un afán por ver su foto en la carátula de un libro, por pseudo periodistas que producían una escritura escandalosa y barata, y por algunos pocos políticos, muertos y no muertos, que aportaban un escaso uno por ciento de escritura dedicada a pensamientos disecados que los hacían estar en lo correcto –por lo menos con respecto a ellos mismos–. En efecto, treinta por ciento de los libros que se imprimen en Lobo Azul se deben a autores de todo tipo, de todo estrato social, que escriben con la esperanza de lograr algo; fama, fortuna, realización, admiración… La mayoría escribe uno o dos libros y abandonan cuando se dan cuenta de que, en realidad, no tienen nada que decirle a nadie. El setenta por ciento de los libros restantes que se imprimen en mi editorial, son basura; historias baratas de sexo, putas, mafiosos, criminales y cosas que atraen al vulgo… Es interesante y tiene fuerza, le dije a Casanare, lastimosamente, por este año ya editamos toda la programación. Esta última frase no quería decir nada; si hay algo que no hacemos en la vida los editores, es programar que un libro vaya a aparecer… Tendría que ser a su costo, le dije. No importa, respondió inmediatamente. Así que escogimos una de sus novelas inéditas, la publicamos, y obviamente fue un completo fracaso. Sin embargo, a él no pareció importarle; uno tiene que hacer lo que tiene que hacer, me dijo un día. Casanare desapareció por un par de años y volvió a aparecer en mi vida con el manuscrito que usted, amigo lector, está leyendo. Estaba un poco pálido, más delgado y caminaba con cierta altura. Parecía como si una fuerza extraña halara su cuerpo hacia arriba. Sus ojos despedían un cierto brillo y continuaba hablando poco… ¿usted cree que si escribo de temas religiosos, de políticos, curas y periodistas me ponga en peligro? Me pareció graciosa la inocencia de su pregunta, el mundo ya no es como antes, le dije, a nadie le importa; yo publico basura relacionada con esos temas todos los días y, bien al contrario, me dedican artículos en varias revistas. Tengo que publicar este manuscrito, me dijo, será a mi costo…. Parecía muy alerta pero, a la vez, cuando le hablaba tenía la sensación de que el tipo se encontraba en otra parte, era como si, manteniendo cierta intensidad en la atención, estuviera participando en varias charlas a la vez. Quiero decir que parecía como si, además de la conversación que estaba teniendo conmigo, sin perderse ni del más leve movimiento de mi rostro, estuviera también hablando mentalmente con varios personajes invisibles; entre frases y en pequeñísimos espacios de silencio su mirada se iba muy lejos… Recuerdo que algunas veces, sin detenerse en lo que estaba diciendo, se ponía de pie y se acercaba a mirar por la ventana de mi oficina. Realmente no le interesaba lo que había allá, al otro lado del vidrio, no lo observaba, su mirada se veía perdida y distante. Era un hombre que mantenía una continua ebullición interior. Quizá en su mente se mantenía escribiendo libros. Ésta es la maldición de los escritores, por así decirlo… Era un viernes. Me llevé el material y lo procesé –así lo llamamos– en ese fin de semana. Cuando nos vimos, el miércoles siguiente, le dije, el material tiene fuerza, y los personajes también, pero no veo la relación de los caracteres y de la historia con los apartes de ciencia ficción que puso en la mitad de la narración. Él sabía a qué me refería. Tranquilo, me dijo, algún día la verá; algunos lectores la entenderán instantáneamente y a otros les tomará un poco más de tiempo, pero le aseguro que sí hay una relación y que no todo lo que digo es ficción, mis personajes tampoco… de hecho, yo creo, continuó él, que los humanos, inmediatamente vemos o escuchamos algo, tenemos la cualidad de saber lo que es cierto y lo que no. Lo que pasa es que después lo ignoramos o lo invalidamos… Cuando tocamos el tema de la carátula, me dijo, me gustaría que usted escribiera algo para ella. Al escuchar esto, me di cuenta de que yo no quería mezclar mi nombre con sus textos; al menos no más de lo que me corresponde como editor… No tengo nada que escribir, le dije… Excepto lo que le acabo de decir, que me parece que esa parte no debe ir en ese libro… Casanare sonrió, póngalo así si quiere, es más, póngalo antes del texto mismo, me dijo. Al principio me pareció una tontería, pero necesitaba el dinero y había algo en ese personaje y en ese documento que me impulsaban a imprimirlo. Poco después escribí este texto que usted acaba de leer, y él aceptó inmediatamente que se incluyera en esta parte del libro. Lo que sigue, apreciado lector, es el libro de Casanare, incluyendo el texto que yo cuestioné para que formara parte del libro. Él me pagó la impresión y me dejó instrucciones claras para su publicación y distribución. Me dijo que se iba a radicar en India, la tierra del saber, y hasta hoy, no he vuelto a saber nada más de él.
Amigo lector, soy yo, Luis Casanare. Quizá usted, por ahora, no lo entienda, pero yo espero que sí. La realidad es que, a partir del momento en que se publique lo que le voy a narrar, mi vida estará corriendo un grave peligro. No me importa. Si logro transmitir lo que hay de verdadero en mi historia a unas cuantas personas, me daré por satisfecho. Quizá no alcance a informarle de todo lo que he descubierto, pero al menos intentaré que usted sepa lo más importante. Mi objetivo es que, en el futuro, tal vez alguien pueda ir más allá y descubrir lo que me ha faltado, y con dignidad y orgullo asuma su destino y se libere de las cadenas que lo tienen al borde de la destrucción… ¿Cómo lo descubrí? No importa. Fue un verdadero y extraño milagro. Se lo contaré si me da el tiempo para hacerlo. Pero, por ahora, lo único importante es que usted conozca lo que tengo que contarle y descubra por usted mismo si es o no verdadero. Espero que el solo conocimiento de la verdad que encierra esta historia, así como la fuente de amor que se anida en su pecho, basten para lograr un cambio en la dirección que se necesita y ayude a iniciar a los más cercanos.
Existen dos tipos de seres que animan toda materia en el universo: los hijos del amor, quienes, a través de la fusión, la cohesión, la unión y, en últimas, el amor, intentan organizar a otros seres y a la materia. Y existen los hijos de la luz, seres electrónicos cuyo impulso a ser se ejerce a través del poder y la dominación. Estos últimos, mediante el uso del conocimiento y numerosas reglas racionales y lógicas que van descubriendo o estableciendo, intentan organizar a otros seres y a la materia. Parte del drama de todo ser humano radica en el hecho de que en su corazón, se anidan derivados y sub productos de estos dos tipos de seres.
Hace doce mil millones de años, una guerra entre lo que hoy son las almas humanas, que en esa época eran seres mucho más poderosos nacidos del amor, y los zirkonianos, seres electrónicos creados por los hijos de la Luz, había acabado con casi toda la vida de esta parte del universo. La Tierra se había salvado por un ínfimo accidente totalmente incomprensible, y había seguido su evolución genética. Las especies que habitaban esta parte del universo habían sido masacradas, y las almas habían contemplado con total desolación cómo los mundos que venían construyendo desde tiempos milenarios habían sido quemados. Todas las especies que existían en esos mundos fueron destruidas y la posibilidad de volver a crear vida es bastante remota. Excepto por este pequeño y ahora miserable planeta; la vida ha quedado reducida a escombros, rocas incandescentes, polvo y metal. Esto es lo único que se divisa a lo largo de millones y millones de kilómetros. El alma que ahora se esconde encarnada en humanos se había sentido tan culpable por haber permitido esta destrucción, que su degradación había sido inmediata y fulminante; al no creerse merecedora de nada, había dejado de luchar, había perdido toda dignidad y era usada por ejércitos de seres electrónicos para todo tipo de trabajo despreciable.
Este planeta se ha mantenido en una grieta del espacio escondido de los detectores de señales que hay a millones de kilómetros. Además, su atmosfera electromagnética opera como una cortina que evita que los sensores detecten la vida que alberga… Como si fuera poco, las almas, una vez que por la muerte abandonan un cuerpo, se estrellan contra esta atmósfera o evitan su contacto, y rápidamente se devuelven hacia una nueva encarnación… Pero, adicionalmente, si por un accidente o a causa de un hueco en la cortina, una de estas almas saliera al espacio y contemplara la desolación de las rocas frías o incandescentes que pueblan esta parte del universo, sentiría al fondo de su memoria amnésica una angustia terrible. Y muy rápidamente se devolvería a este planeta para buscar a quién amar, por quién hacer cosas, con quién discutir y a quién odiar. Las almas son hijas del amor y, como tal, no pueden vivir en soledad y aborrecen los espacios sin vida, sin criaturas, sin tener a quién proteger y con quién pelear.
En su afán por reclutar en cadenas de producción y ensamble a las almas que solo se ocupaban de intercambiar flujos de amor y de gloria, seres electrónicos muy poderosos diseñaron técnicas para disminuir y esclavizar a estas almas; por ejemplo, las anestesiaban e introducían en seres biológicos gigantes con la esperanza de que, al recibir sensaciones provenientes de los sistemas nerviosos de dichos seres, anestesiadas y olvidadas de ellas mismas, se quedaran en su interior irradiando energía y vida sin hacerse muchas preguntas. De esta época surgieron varios tipos de monstruos que pululan galaxias distantes y que contienen almas atrapadas y olvidadas de sí mismas en su interior. Otra terrible técnica usada sobre las almas que, después de haber recibido múltiples descargas electrónicas y radioactivas, se encontraban en choque, consistía en proyectar ilusiones desoladoras para que se confundieran con la realidad e inhibieran su poder y sus impulsos de amar. Por ejemplo, se les sometía a la continua proyección del supuesto fin de la vida en varios planetas y se les hacía sentir responsables por ello. Esto las ponía en un estado tan triste y frenético que, enloquecidas de dolor, se dedicaban a proyectar mundos ficticios, mundos que nunca existirían pero que, al no ser reales, nadie iba a intentar destruir. Lo anterior dio origen a varias civilizaciones de drogadictos que viven en planetas remotos en un continuo pandemónium de sexo, ilusión, religión y drogadicción.
Sobre la faz de la Tierra se encuentran, entonces, millones de almas humanas que compiten con otros seres por encontrar cuerpos dónde encarnarse, y así tener la experiencia de la vida del hombre. Las almas humanas, aunque ahora se encuentran amnésicas de ellas mismas, de lo que realmente son, no hay que olvidar que provienen del amor y, como tal, anhelan a los cuerpos humanos, desean ese estado que les permite experimentar una versión del amor, aunque primitiva y mezclada con sexo. Ellas llegan a creer que esto es lo único importante que se puede experimentar en el planeta Tierra. Pero la verdad es que sobre la Tierra también hay numerosos seres de origen electrónico que, en su mayoría, provienen de los hijos de la Luz. Éstos son eminentemente racionales, lógicos y por tanto desconocen los sentimientos de amor, de compasión y de necesitar compañía. Han sido creados para conquistar vastas extensiones de las galaxias, poblarlas y habilitarlas para que otras especies y razas las habiten. Éste ha sido su principal trabajo, y funcionó mientras estuvieron dominados; lograron que se poblaran en el espacio vastos planetas de extrañas creaturas… Sin embargo, a los seres electrónicos poco o nada les importan las especies provenientes del amor.
Así, mientras las almas se encarnan y se constituyen en el centro de un ser encarnado, mientras se dedican a protegerlo y a cuidarlo casi siempre con amor, los seres electrónicos casi nunca se encarnan; a algunos de ellos solo les gusta habitar en un ser humano, sin colisionar con el alma que lo posea y sin tratar de competir por el control del cuerpo. Pero, también, han venido desarrollando un apetito gigante por experimentar diferentes flujos de energía, principalmente el cosquilleo que les produce la emanación por los humanos de ira, sexo, odio y miedo… Y así, estos seres se han convertido lentamente en la causa de muchas de las desventuras de los hombres.
Repito, sobre la Tierra existen, además de las almas, numerosos seres electrónicos que experimentan a otros seres del planeta, sin necesidad de encarnarse en ellos. Algunos, huyendo de guerras remotas, han encontrado accidentalmente este refugio y se han quedado en él. Otros más poderosos, se encuentran solo de paso y son indiferentes a lo que suceda con estas especies; las encuentran de un orden tan bajo y limitado que no les interesan… Pero algunos más, se quedaron en la Tierra; los más notables e importantes de ellos fueron los zirkonianos. Estos mencionados zirkonianos, entonces, decidieron afectar e influenciar notablemente al espacio humano.
Las guerras electrónicas hacen daño a los seres de cuerpos electrónicos; no los elimina pero los vuelve locos, robóticos y les arrebata los poderes. Los zirkonianos, a quienes no les interesaba la lucha por los territorios, prefirieron huir hacia zonas más bien desérticas o habitadas por especies que no interfirieran con el espacio electrónico. No necesitan hacer nada para sobrevivir en este mundo; sus cuerpos ligeros y de energía pura les permiten atravesar el espacio y la inmensa pared negra bajo la cual se oculta esta galaxia. Pueden caer en una atmósfera candente y gaseosa sin sentir absolutamente ninguna molestia. Dicha pared negra que nos aísla fue colocada hace treinta y dos mil millones de años por una civilización muy desarrollada que habitaba en esta parte del universo, y fue erigida para despistar a cualquier nave y hacerle creer a la tripulación que se encontraban ante un inmenso espacio vacío, densamente cargado y sin planetas. Así, entonces, las naves daban la vuelta y se iban a otra parte.
Además de esta pared negra, el mismo planeta Tierra se encuentra protegido por un fuerte campo electromagnético que fuerza a las almas que se desprenden de los cuerpos al morir, a regresar y tomar otro cuerpo. Este campo les impide salir del planeta. Después de cada muerte, aterradas entonces por no tener la experiencia de vida, buscan y compiten por fetos y bebés aún no ocupados por otra alma. El campo magnético también impide que muchos otros seres puedan entrar en él… Sin embargo, para los zirkonianos, obstáculos como éste no tienen la menor importancia, pues prácticamente ni los sienten. Lo que sí sienten, cuando se encuentran suficientemente cerca de un humano, son las radiaciones y emanaciones que emplea el alma para controlar un cuerpo. Esto no solo los divierte sino que, además, como logran percibir y entender las imágenes que acompañan al flujo de pensamientos y emociones, disfrutan mucho del habitar en un humano… Adoptar o habitar a algún hombre, al principio consistía simplemente en escogerlo y flotar encima de él durante toda su vida. Esto con el fin de experimentar el flujo que emiten los hombres cuando están teniendo diferentes sensaciones. Dicho flujo es irreproducible para los zirkonianos; pues, aunque es casi electrónico, se produce cuando el amor choca con el intento de lograr algo; pero como estos seres electrónicos no tienen cuerpo de materia, ni emociones, ni mucho menos una fuente de amor, se han vuelto adictos a experimentar las emanaciones humanas. Ésta es su perversión y el comienzo de su decadencia. Las emociones que más les fascinan son las de ira, miedo y sexo… En resumidas cuentas, el humano que es adoptado, produce en el zirkoniano el efecto de un televisor portátil que suministra continuamente experiencias e imágenes en una longitud de onda hasta ahora no conocida ni duplicada.
Miles de años más tarde, los zirkonianos probablemente se van a encontrar bastante degradados, ya que volverse adictos al sexo y a la ira no es precisamente el camino más directo que existe hacia una mayor liberación. Pero aún falta mucho tiempo para que pierdan poder a causa de estas adicciones… Sus cuerpos no tienen realmente ninguna forma; cada uno es un conjunto de flujos de energía con una cierta personalidad que los aglutina… Al cabo de los años, y a fuerza de emular a los humanos, algunos adoptaron una forma corporal parecida a la de ellos, en el sentido en que tienen dos especies de patas y dos especies de manos. Tienen también una especie de cabeza pero, igualmente, ésta es solo para emular la de los humanos. Los zirkonianos perciben en todas las direcciones, y gracias a su carácter electrónico pueden adoptar la forma que quieran en el momento deseado. Y si fuéramos a asignarles algún color, diríamos que son luminosos, entre amarillosos y verdosos. Sin embargo, es imposible que sean percibidos por los sentidos humanos o por sus aparatos. Para todos los efectos, los zirkonianos forman parte de los ruidos que detectan algunos aparatos dentro de las señales del espectro electromagnético; ellos se comunican muy poco entre sí, y como no tienen sexo, no han sido divididos en dos tipos de especies que se busquen o se complementen. Tampoco tienen el conflicto hombre - mujer que existe al interior de cada ser humano. Los zirkonianos no necesitan nada; perciben la materia como lo que es, como energía en movimiento y, para ellos, es igual un planeta que otro, o que el espacio vacío de materia, ya que al ser electrónicos, penetran casi todo, y el universo se presenta frente a ellos como un inmenso vacío con flujos de energía en movimiento.
No había nada realmente interesante en su universo hasta que algunos de ellos descubrieron lo que se siente al estar cerca de seres hijos del amor que operan cuerpos de materia y energía, sobre todo cuando estos cuerpos tienen descargas de energía por situaciones de sexo, de conquista o de ira. Desde entonces, no ha existido nada que los divierta más que adoptar una de esas criaturas y conectarse a ella, mantenerse encima flotando un poco, como a tres metros de altura, enlazar las patas al cuello o alrededor del cuerpo humano, o conectarlas muy cerca a sus extremidades y absorber… absorber las deliciosas y continuas descargas, experimentar las sensaciones derivadas de ese contacto… Al principio, los zirkonianos realmente casi no intervinieron en la vida de los humanos. No les importa en absoluto. Tanto que al momento de la muerte abandonan fácilmente a cualquiera sin mayor problema. De hecho, la descarga de energía en el instante el fallecimiento es una excelente experiencia, y cuando sucede, pasan inmediatamente a adoptar otro cuerpo cualquiera, tomando como único criterio de selección, cuando existe alguno, la magnitud de descargas de energía que éste produzca… Vale la pena señalar que, dado el vacío de sensaciones que existe en el mundo electrónico, en no más de una tarde cualquier humano puede producirle a un zirkoniano cualquiera más experiencias emocionales que las que éste ha recibido durante siglos de existencia puramente electrónica.
Los humanos se equivocan al creer que en el futuro se van a enfrentar los hombres y las máquinas. Es tonto creer eso. O, como les sucede a los americanos, creen que, sin importar en qué mundo extraño aparezcan, únicamente van a encontrar versiones de los indígenas; casi humanos, para su criterio, que ellos mismos destruyeron. Es arrogante y estúpido suponer esto. La realidad es que en el futuro se va a producir una lucha a muerte entre los seres electrónicos y los humanos que sepan dominar la electrónica… Hay que tener en cuenta también que, a pesar de que el espíritu humano es un ser esencialmente amoroso, se comporta como uno electrónico; me refiero a que ese estar continuamente enviando y recibiendo rayos cargados con las diferentes emociones es, en esencia, un fenómeno electrónico que sucede a velocidades electrónicas. Pero en este caso es solo producido por un intento fallido, o no, de comunicar algo de amor… Podrán ustedes entonces imaginar el tipo de armas y de tecnología que van a estar enfrentadas, así como la inmensa dinámica que se va a dar en este tipo de guerras… Y si bien pareciera que para eso faltara mucho, también es posible que pudiera darse en cuestión de unas pocas decenas de años… Los humanos están a punto de descubrir cómo liberar y manejar cantidades enormes de energía, modificar genéticamente sus cuerpos para fabricar otros que sí puedan ir a la conquista del espacio, y terminar de aprender a controlar dosis minúsculas de energía electrónica para producir programas inteligentes de control de la energía en las formas más amplias y variadas. Cuando esto suceda, muchas cosas van a cambiar en el destino de las personas. Espero poderlo explicar más adelante… Por ahora, debemos continuar con la historia donde nos encontramos. Hasta hace unos cuatrocientos años, los zirkonianos todavía no peleaban entre sí por dominar a los humanos, no se los robaban unos a otros, ni se les había ocurrido ponerlos a hacer alguna actividad específica con el único objetivo de lograr más descargas de tipo sexual o de ira. En resumen, todavía no había comenzado la verdadera invasión.
Sucedió algunas veces que por el simple hecho de tener un campo electrónico más limpio por encima de la cabeza, algunos de los humanos adoptados desarrollaron en exceso algunas de las cualidades que ya tenían. Éstos crearon grandes obras como artistas o conquistaron más territorios como guerreros o como directores de empresas, que cualquier otro que no hubiera sido adoptado. Actuaban con menos miedo y, por lo general, subían más alto y rápido en su carrera hacia el éxito. Esto, al comienzo, se debió únicamente al hecho de que el campo electrónico del zirkoniano encima de su cabeza, lo protegía un poco, por así decirlo, de las emisiones que le lanzaban en su contra otros seres. Los humanos, como ustedes saben, compiten por el amor y, como tal, son emocionales, celosos, envidiosos e influenciables. Se viven lanzando rayos de energía negativa y positiva unos a otros. Pero después, cuando los zirkonianos comenzaron a influenciar abiertamente a los que habitaban, y a usarlos para competir entre ellos, a crear grupos de personas que abrazaban causas que nada tenían que ver con el amor, pero que les hacía competir entre sí, a estimular el sexo y la guerra, a crear personalidades bipolares, triple polares y hasta quíntuple polares, a interferir en los asuntos humanos produciendo comportamientos extraños aun al costo de sacrificar vidas… fue cuando, entonces, ya no se podía hablar de un habitar sino de un invadir el espacio humano.
Los humanos invadidos comenzaron a entender cada vez menos su comportamiento irracional y destructivo; no entendían cómo podían actuar generalmente en contra del amor. Luego decidieron renunciar a la búsqueda de explicaciones y se sumergieron más y más en un caos de violencia, injusticia y estupidez… Un tipo dejaba a su esposa y a su familia por irse detrás de una puta cualquiera o, peor aún, dejaba a una puta que lo estimulaba intensamente por irse detrás de una mujer estúpida, fofa y simple. Alguien traicionaba a un amigo de toda la vida por obtener algunos dólares más. Otro decidía hacerse millonario emborrachando o robando gente que vivía en la miseria. Miles de niños se morían cada día de hambre, soledad y dolor a lo largo y ancho del planeta. Algunos científicos y militares fomentaban las guerras no más que para sentir el poder de enviar a otras personas a la muerte… La sociedad estaba enferma y nadie se atrevía a levantarse con dignidad, a denunciarlo y a luchar contra eso. La humanidad no se percibía como un fenómeno integral y menos como parte de otro fenómeno más amplio… Los humanos continuaban echándole la culpa de todo ello a una especie de maldad que reinaba en el aire, y a un ángel de la maldad que orquestaba todo desde alguna parte… Religiones estúpidas, aprovechándose de ese deseo profundo de ser mejor y de amar que hay al fondo de cada hombre, adquirieron mucha fuerza. Y políticos codiciosos impusieron sus regímenes de terror… Nadie se sentía con la autoridad moral para disputarle a otro el poder que asumía. Ninguno se detuvo a analizar que, curiosamente, ningún comportamiento de éstos obedecía en realidad a algún tipo de maldad… De no se sabe dónde, del interior de las personas surgían comportamientos totalmente incomprensibles; y, al surgir de su interior, creían que eran así o que se habían vuelto así… nunca pensaron que habían sido invadidas por una presencia electrónica extraterrestre que los hacía comportar de esa manera… La maldad, en efecto, puede darse en unos muy pocos corazones humanos, pero únicamente después de un largo y absurdo proceso que es prácticamente imposible que suceda en este mundo… Recuerden que las almas provienen del amor, su lucha se centra alrededor de éste; de cómo amar, de cómo no ser rechazado, de cómo ser apreciado, de cómo huir de la soledad, de cómo obtener admiración y afecto. No… los humanos sufrieron durante muchos años de un gran dolor sin comprender la verdadera fuente de estos comportamientos irracionales e inesperados.
No era para nada extraño que una alma amnésica y torturada millones de años atrás, tratara torpemente y con múltiples errores de irradiar amor a su alrededor… Debido a sus orígenes, éste es casi su comportamiento natural. Tienen una enorme confusión; en el ser humano se confunde el deseo de ser con el de experimentar amor. Intentan dominar, controlar, organizar y expandirse para supuestamente poder entregar y recibir amor. O, al contrario, intentan amar para poder controlar. Para ellos, ser es sinónimo de entregar y recibir amor, y a causa de esto sus vidas son más bien confusas, simples y estúpidas. Exhiben personalidades protectoras y tontas, miedosas y generosas… No, eso no es tan incomprensible. Lo extraño es que un alma sienta de pronto impulsos inexplicables por actuar de cierta manera… Que desee someter a una mujer o a un niño. Que intente acabar con la honra o la fortuna de alguien. Que quiera iniciar una guerra sin sentido. Que se mantenga alternando entre dos o tres personalidades dominantes… No, esto no corresponde a su naturaleza y es imposible de explicar…
Las almas entraron, entonces, en un estado de confusión mayor y terminaron por decidir que si uno no se comprendía a sí mismo, tampoco existía la posibilidad de comprender a otro, sucediendo así el siguiente hito en la degradación: el aislamiento del hombre con el hombre y, lo peor, del hombre con la mujer.
Los zirkonianos establecieron una estación espacial completamente electrónica a cierta altura pero dentro de la atmósfera de la Tierra, cerca al Caribe. La estación no era detectable por los sensores electrónicos de los humanos y había sido abandonada por un poderoso guerrero que había dominado vastas galaxias en un pasado remoto. Esta estación era como una pequeña ciudad electrónica dotada de una inmensa cantidad de laboratorios diseñados y fabricados para confundir y someter a todo tipo de seres, tanto a hijos del amor como de la luz. Sus tratamientos confundían no solo la capacidad de amar, sino la de ser, crear y anhelar. A esas estaciones se les llamaba, en el pasado, puertos, porque eran los artefactos por donde se anclaban a un planeta, y desde allí se iniciaba su conquista e invasión. Los zirkonianos habían rescatado esa estación y la usaban ahora para su propia conquista de la Tierra; en ella se realizaban ensayos de dominación y tortura sobre algunas almas desencarnadas, se fabricaban también, todo tipo de artefactos electrónicos destinados a ser implantados en las mentes humanas. Con tales artefactos, aparentemente inteligentes y con alguna capacidad de lenguaje, se estaba realizando una invasión a gran escala en las mentes de los hombres, y se estaba logrando un grado generalizado de confusión y degradación de la especie.
Marino, casi toda su vida, había sido un asesino a sueldo. Había trabajado para las mafias, grupos industriales y algunas empresas de seguridad. Debido a su profesión, había tenido que abandonar a su mujer, Cristina, y a sus hijos Ricardo, Andrea y a la pequeña Paola. Ahora vagaba de un lado a otro aceptando diferentes trabajos. Él, como muchos de nosotros, a menudo se despertaba en la noche sintiéndose perseguido por los fantasmas de terribles crímenes. Algunos de esos fantasmas correspondían a asesinatos que sí había cometido, pero muchas veces era asediado por la angustia que, a menudo, genera la incertidumbre en que habita un alma humana. Muchos de nosotros nos despertamos a mitad de la noche con la sensación de estar siendo perseguidos por un inmenso crimen que no hemos cometido; no recordamos haber llevado a cabo nada tan terrible como para sentirnos de esa manera… Marino también, como tantos otros, no encontraba el amor, no lograba integrarse con el género humano y no le encontraba mucho sentido a su trabajo.
Luis Rosales, fundador y dueño del Grupo Rosales, como muchos industriales de la época, había creado su imperio bajo la presión, el chantaje, la fuerza, la compra de políticos, la intimidación, y mucho trabajo. Un día, caminando por un pueblo costero miserable y enclavado en la selva ecuatoriana cerca del Caribe, había tenido la visión de hacer de San Bernardo un inmenso puerto. Ahora su fortuna estaba prácticamente comprometida porque el pueblo miserable resultó ser un corredor importante de tráfico de drogas y contrabando de electrodomésticos. Sus proyectos de construcción eran continuamente sometidos a la extorsión y al atraso por parte de las mafias y los políticos. Uno de los principales problemas de Rosales era este oscuro hombre llamado Cordero, que servía de enlace entre los industriales, las mafias, los políticos y la casi totalidad de los habitantes de la región. Cordero se encargaba del transporte de la droga en tierra, del soborno de las autoridades policiales y de las de la administración del puerto, de los permisos, los horarios, las tarifas y, sobre todo, del sometimiento de los habitantes para que realizaran cualquier tipo de trabajo que él les encargara.
Eduardo, un ex militar que servía de enlace entre industriales, políticos y grupos de mafiosos, había contactado a Marino y le había encomendado la misión de asesinar a Cordero. Pero como era imposible que un grupo de hombres armados se desplazara en territorio de Cordero sin ser inmediatamente detectado, Marino había decidido acometer la misión solo. Aquella noche, de manera sorpresiva, y agobiado por extrañas y absurdas pesadillas, había emprendido el camino hacia la casa de Cordero sin haber establecido antes un plan certero.
Marino, el ex jefe de seguridad de varios grupos paramilitares, ahora dedicado a la exterminación de blancos específicos, soñó que se había despertado bañado en sudor, que había abierto los ojos y que se había sorprendido al ver en la ventana a un enorme pájaro color café posado en los barrotes. Su vientre era del grueso de dos personas y su cabeza del tamaño de la cabeza de una mujer. Marino supo que ya no podría huir; fuera como fuera, se avecinaba un final, quizá el de sus angustias… Ahora tendría que confrontar la fuente de sus temores. Comprendió que la energía que lo había sostenido hasta ahora provenía de estar huyendo de un viejo dolor… ¿Quién es usted?, preguntó Marino con la voz sobresaltada… Aquí soy yo el que hace las preguntas, le contestó el enorme pájaro… Tengo miedo, le dijo Marino… No más que el que has tenido desde aquel terrible día… No sé a qué te refieres… Sí que lo sabes, sabes de qué huyes, sabes de la niña pequeña, dijo el pájaro… Una corriente de terror helado le sacudió el vientre a Marino… ¿Cuál niña pequeña?, no sé de qué hablas, la única mujer con la que me he relacionado realmente es con mi mujer y ella no es una niña, musitó… Ella sí es una niña, todas las mujeres los son, pero no es a ella que me refiero, objetó el horrendo pájaro, ¿acaso no sabes que el amor de una niña es el único amor verdadero que jamás existirá en el mundo de los hombres?, ¿acaso no recuerdas la horrible pensión con baldosines blancos y naranja?, ¿acaso se te olvida que hace unas vidas participaste en un horrible asesinato?, ¿acaso no recuerdas las odiosas palabras <Hi By> trazadas con sangre sobre el espejo, y el mantel de pantaletas de niña cosido con hilo de tejer de diferentes colores?, ¿acaso se te olvida tu locura?… No, no existen otras vidas y no sé de qué me hablas, si quieres nos batimos y uno de los dos morirá, contestó Marino totalmente confundido… No, no nos batimos. Solo te voy a arrancar el rostro de un picotazo si se me da la gana y te voy a destruir con tanta fuerza que ya no volverás a la existencia… voy a liberar a tus demonios y te aseguro que la ignorancia que te ofrece la mente ya no va a protegerte… tus odios, tus pesares y tus terrores…, todo aquello que te hace creer que habitas en soledad, no son para mí una barrera… pues si hay algo que tenga el sabor del tiempo diluido en tus entrañas, son estos viejos impulsos de muerte y de terror que están en tu interior desde la destrucción de todos los otros universos… no existe ni existirá un solo lugar de paz para ti ni para tu especie… y en cuanto a esta ilusión de vida humana, que te permite olvidar un poco mientras vuelves y te mueres y te encuentras de nuevo de bruces con toda tu desenfrenada y absurda locura… ¿acaso no lo recuerdas?, tú eres un paria del espacio, de los soles, de los vientos y de la estrellas… Eres maldito y tu semilla está condenada para siempre… Tú me aburres y nada puedes hacer para impedirlo… Tú entras continuamente al laberinto de dolor de donde provienes, donde el tiempo se detiene y la tortura de saber que eres lo que realmente eres no te dejará descansar jamás… El pájaro alzó el vuelo y Marino se quedó aterrado y desconcertado, envuelto en sus pensamientos… ¿Será verdad que la condición humana se encuentra inmersa, envuelta y, por así decirlo, engendrada en un mundo espantoso, insufrible e inconcebible de llanto y de terror?
¡Mientes, maldito pajarraco loco del desierto, yo soy un caballero del cielo y del espacio…! Soy una danza que se proyecta al infinito… Soy una luz que anida en su pecho la posibilidad de uno y mil universos… Soy el manto que cubre el dolor de sus congéneres. Sí, quizá ya no recuerde mis viejos crímenes. Sí, quizá ya no tenga paz en mi alma debido a las torturas y a la muerte que se anidan en mi pecho como parte de su historia. Es posible. No lo voy a negar. Ni tampoco voy a negar que siempre olvido el origen de los terrores que albergo en lo profundo de mi ser. Los quiero olvidar. Ni tampoco te voy a negar que me desespera la ignorancia ante la muerte… el antes y el después… Y la nada que lo envuelve todo. Sí. Lo sé. Sé que no lo sé. Confieso que, en el fondo, ya lo supe todo y fue tan terrible que preferí olvidar. Sí. Lo sé. Pero también sé que existe el amor… El amor que, a partir de su ignorancia, se llena de esperanza… El amor que con solo contemplar el brillo en los ojos de su amada está dispuesto a entregarlo todo. Yo soy aquel que está dispuesto a desaparecer allá, detrás de la posibilidad de hacer feliz a su amada. Sí, sé que floto en la ignorancia y en el miedo. Sé que la muerte me espera. Sé que soy frágil y que quizá no obtenga nada más que dolor. Sí. Lo sé. Sé que nada tengo y nada soy. Sé que floto en la oscuridad y que tal vez el miedo me engendró… Pero también sé que en mi pecho se anida el infinito. Sé que el universo se ilumina con mi voz. Sé que… Sé que todos ellos, allá, esperan desde siempre que yo me llene de amor y les entregue la… eternidad… Sé que mi semilla es eterna y que aquí he estado y aquí estaré por siempre… en amor… esperando a que algo se ilumine dentro de mí… y a que le pueda entregar todo eso a mi amada… y a mi Señor.
Al despertar, Marino aceptó que se estaba volviendo loco, y que ya era tiempo de morir, de arriesgarlo todo. No se iba a proteger más. Era tiempo de partir… Se despidió mentalmente de su esposa y de sus hijas; aunque hacía muchos años que ya no vivía con ellas, siempre se despedía. Le dedicó un pensamiento especial a su pequeña Paola, alistó la automática de nueve milímetros y se echó a los bolsillos dos cargadores. Ya estaba viejo. Ya no era tan rápido. Cuándo más le permitirían reemplazar un cargador antes de que lo llenaran de plomo. En realidad, estaba contento con su decisión. Era el momento de ir a enfrentar la muerte. La danza de la muerte tenía su propio esplendor. Ya no huiría más de su presencia. Ya no trataría de perdurar. Era necesario ir hacia ella y sentirse como realmente se es… tal como lo dijo el pajarraco loco ese, él, en pie de guerra, se sentía diferente al que siempre había sido y, sin embargo, nunca era tanto él mismo como en esos momentos… había librado sus batallas, pero nunca había vuelto a renacer como un verdadero guerrero del espacio. Súbitamente, todo le pareció más real; su auto, la pistola, la carretera, las montañas y los árboles que hablaban entre ellos y celebraban el canto de guerra que salía de su pecho… Así era la vida. Así se enfrentaba a la muerte. Uno no luchaba contra sus enemigos; en realidad se luchaba contra la muerte… Atención: un guerrero se va a manifestar. El canto de un guerrero es respetado por cielos y mares, por soles y estrellas. Marino caminaba ahora con una seguridad extraña. Iba a asesinar. Pertenecía ahora a esa otra dimensión que flotaba allá antes de que existieran los compromisos con la vida de los hombres.
Al subir al auto, percibió como si todo el planeta fuera realmente un fluido de energías que decora el espectáculo de guerreros que, esporádicamente, se encuentran en un combate y luego se separan en el espacio… Su cuerpo y el auto mismo no tenían ninguna consistencia real. Solo la fuerza que provenía de su pecho eterno tenía la dureza y la dirección que requería la escena que pronto se iba a dar… Enfiló a alta velocidad por la carretera al mar. Iba hacia el viejo y destartalado puerto de San Bernardo. Allí se encontraría con Cordero y, quizá, después de esa noche, ninguno de los dos seguiría con vida… La selva ecuatoriana que rodea la carretera se estremecía en cuchillejos y rumores. El viento llevaba histérico de un lado a otro esos rumores, y las plantas, que son más chismosas que los hombres, se mecían y estremecían con el cotilleo… Marino escuchaba y sonreía… No te dije, niña, que ya se iban a enfrentar… No, no puede ser…, qué bueno, va a haber una pelea… Marino al fin se va a enfrentar… Con su paso y el cotilleo de las plantas, la selva se fue electrizando más y más. La energía ascendía por encima de los árboles hasta el cielo. Unas sombras extrañas se divisaban allá en el horizonte. Marino tenía la atención fija en esa maldita cosa que existía allá encima de las nubes. Era como un puerto en el cielo. El maldito puerto que sabía que existía… allá… encima de las nubes.
El universo entero está conformado, en gran parte, por cosas que el inconsciente de algún guerrero detecta flotando perdidas en el espacio, y que luego él mismo se propone hacerlas realidad al incluirlas en su propio universo… Todos existimos al interior del universo de algún guerrero; el primero de ellos, por lo general, fue nuestro padre. Por consiguiente, conservamos la soledad del que habita en el universo de otro… solo el guerrero conserva la soledad del guerrero. La que él mismo le impregna a su creación, porque toda guerra tiene un espacio interno profundo y solitario que ningún historiador logra descubrir… Toda creación existe en soledad… Y es cierto: la valentía de un guerrero está en su capacidad para proteger, expandir, conquistar y realizar nuevos universos.
Rosales también era un guerrero. Un día cualquiera, su inconsciente había descubierto al maldito puerto fantasma flotando allá arriba, en alguna parte del universo… deseando entrar a la Tierra… Y entonces se le había ocurrido volverlo realidad. Anclarlo allí. Al borde del mar. En esa vieja y destartalada ciudad. En la pobre y miserable San Bernardo… Era un error; el puerto fantasma ni siquiera hubiera podido pertenecer a este planeta. Estaba tan mucho más allá en el tiempo y en la tecnología… El puerto, en sus orígenes, había sido la nave de un poderoso guerrero zirkoniano, que al perder la guerra lo dejó flotando en el universo hasta que otro guerrero, digno de él, lo descubrió y lo devolvió a la vida… El planeta indicado para que surgiera de nuevo no era la Tierra, y el guerrero no era Rosales. Rosales había creído que con edificios, dragas y poleas, le iba a dar vida a una nave que se había curtido en miles y miles de batallas espaciales… Pensaba que, con su limitada y estúpida idea de progreso, iba a lograr que el puerto, algún día, apareciera allí en todo su esplendor… Había intuido su grandeza y su profundidad en el tiempo, pero nunca había logrado siquiera desvelar la red de traficantes, piratas espaciales y terrícolas que pretendían beneficiarse algún día de su existencia.
La electricidad que se había generado por encima de la selva había invitado a unas nubes al cotilleo, y ahora unas espesas gotas de lluvia golpeaban el parabrisas del auto que se desplazaba a gran velocidad por la ruta hacia el puerto de San Bernardo. Marino abrió el techo del auto; quería sentir la lluvia sobre su rostro. Ésta sería su despedida del planeta. Había sido un buen planeta, un poco chismoso pero a la final fluido y lleno de vida. Lleno de mujeres y de comida. La lluvia se unió a los rumores que ahora eran prácticamente un griterío confuso entre las plantas, las gotas y algunos insectos que histéricos se alistaban para contemplar el desenlace de la pelea entre Marino y Cordero y otros que lanzaban un grito de muerte antes de tirarse y estrellarse contra el parabrisas… El arte de la pelea no está en la decisión de atacar, sino en los pensamientos que se tienen inmediatamente después de que uno ha recibido los primeros golpes. Es ahí, en esos momentos, donde se demuestra lo que se tiene… Esta es una frase verdadera… Sí; en cada uno de nosotros todavía existe la capacidad para detectar instantáneamente si algo es verdadero… Hay frases que han sido verdaderas desde siempre pero que solo al escucharlas uno se da cuenta de lo inmensamente ciertas que pueden ser… Sí… Al principio, trastabillas por el golpe. Y eso está bien. Es posible que hasta caigas en frente de tu enemigo. Pero es ahí, en ese instante, cuando se sabe el temple que posees… Es ahí donde tienes que encontrar tu mejor idea. Tu mejor plan de ataque. Tu decisión de continuar hasta la muerte… Cualquier idiota puede sentir el impulso por concertar una guerra… El impulso y el coraje de atacar no nos hacen especiales… Lo que nos hace especiales son los minutos que siguen a la recepción de un buen golpe… En ese instante, ninguna de las reglas que se han aprendido para sobrevivir, tienen algún valor… Es tiempo de morir, no de ser sabio en el arte de sobrevivir… Marino reía. La lluvia contra su rostro era una caricia. No necesitaba siquiera mirar la carretera. La oscuridad de la noche no le estorbaba para conducir. Sus sentidos estaban tan agudizados que no le hacía falta enfocar la ruta. Sentía las vibraciones de los árboles, las plantas y la lluvia. Sentía la vibración del planeta a su alrededor. Él solo se encontraba en un río galáctico de vida entera que lo empujaba hacia el encuentro con su destino… Es cierto que, al momento de la concepción, un hombre hace una copia del universo entero. Es cierto que esta copia del universo lleva impreso su destino… Y es cierto que esa copia que Marino había hecho al momento de ser concebido por su padre era lo que lo guiaba ahora a su destino, a su muerte, al encuentro con el más allá… Y también es cierto que lo único que le importaba, por ahora, era eliminar a Cordero y liberar el destino del estúpido puerto, y a los pobres habitantes de San Bernardo, de los amarres bajo los que se mantenían gracias a los sucios negocios de Cordero.
Únicamente en la selva ecuatoriana del Pacífico existen unos helechos que son más grandes y robustos que muchos de los árboles milenarios que allí habitan. Y únicamente entre sus ramas se anidan unos sapos verdes y rojos del tamaño de una cabeza humana. Estos sapos beben el néctar de una flor que los mantienen borrachos danzando y lanzando improperios a los vientos. Los viejos sapos bailan su borrachera, y cuando están extenuados buscan a sus hembras para caer fundidos después del apareamiento… Aquella noche, cantaban al viento sobre la guerra que se avecinaba, y sus ronquidos estridentes llenaban la atmósfera del pantano. Algún día este maldito pantano se devorará la ruta, pensaba Marino, y los sapos inundarán la carretera, quizá hasta los pueblos y baldíos más cercanos, y tal vez hasta se devoren a los niños… Lo mejor que se puede hacer con ese puerto es dejarlo ir, dejar que regrese al espacio y se funda con otro planeta… Marino aceleró aún más el poderoso vehículo. No le faltaban más de cuarenta minutos para llegar al puerto, y si acaso una hora para llegar a la casa de Cordero. El espectro del puerto espacial apareció en su mente. Él era otro de los pocos hombres que había intuido y percibido este espectro en su enorme dimensión.
Algunos gobernantes se sueñan a sus ciudades y a sus países en otro nivel de desarrollo y luchan por hacer realidad su sueño. La verdad es que son ciudades y países en donde alguna vez vivieron, y que tal vez hasta ayudaron a destruir. Y ahora, se encuentran obsesionados tratando de reparar el inmenso daño que aquella vez causaron. Estas ciudades y países habitan en las profundidades del tiempo, y luchan a su vez por lograr emerger y volver a tener su vida propia. Ellas tratan de conquistar conciencias que las engendren, y les den vida en alguna otra dimensión… Existen también algunas almas humanas que fueron torturadas haciéndoles creer que estaban viviendo el fin del universo; una y otra vez eran introducidas en unas cámaras especiales donde se les proyectaba este final… Las almas, siendo creativas por esencia, sentían una terrible desolación y culpa por no poder impedir que sucediera tal acontecimiento. Algunas de ellas salían del tratamiento, como la de Rosales, permanentemente dispuestas a construir lo que se pudiera en la dimensión donde se encontraran, sin siquiera preguntarse la pertinencia o los fines de ello. Simplemente se convertían en constructores implacables y permanentes de mundos que consideraban avanzados a su época… La verdad es que el puerto, la estación espacial usada por los zirkonianos para invadir la Tierra con artefactos electrónicos que insertaban en las mentes de los humanos, era todo eso y mucho más; con tan solo el acercamiento del espectro del puerto a una galaxia, se producía todo tipo de reacciones; los seres se ilusionaban, se volvían ambiciosos, vendían a sus mujeres y sus hijos y se mataban entre ellos… El puerto estaba lleno de la ilusión de inmensas riquezas y poderes. Su espectro era una de las presencias más contaminantes y enloquecedoras que se podían dar en un planeta o en cualquier parte de un universo. Las criaturas se convencían de que si se apoderaban del secreto del puerto, conquistarían el universo por siempre y para siempre, con poderes y riquezas indescriptibles… Lo que estaba sucediendo con Marino, Cordero, Rosales y muchos otros, no era para sorprenderse; la miseria que inundaba las familias que habitaban en la región, también era parte de ello. Las ruinas en que se había sumergido la pequeña ciudad costera de San Bernardo desde que se hablaba de la construcción de un gran puerto, también era un efecto de este espectro, y de los intentos fallidos por anclarse el puerto espacial al planeta, para el cual la Tierra era un hábitat muy pequeño… La sola intuición del espectro hubiera bastado para llevar gran parte de la Tierra a la miseria… Afortunadamente, aparte de Rosales, y otros pocos, los hombres se hallaban tan aturdidos por su condición que ni siquiera habían podido intuir la presencia del espectro del puerto y, como tal, hasta entonces, se habían sustraído a la locura que siempre se generaba en torno al fantasma de su llegada… Sin embargo, las pobres gentes de la región costera se mantenían sumergidas en las drogas y el alcohol… Vendían a sus mujeres y a sus niñas… Vivían en medio de las ruinas, no trabajaban y le habían empeñado la gran mayoría de sus vidas y sus cuerpos a Cordero… Cualquier dinero que alguien de la región percibiera, por el concepto que fuera, tenía que pagarle un impuesto… Algunos políticos se habían comenzado a interesar, ya fuera por lo lucrativo de su negocio, ya fuera porque la región era una fábrica fantástica de votos falsos y sin voluntad, o ya fuera, y Dios no lo quiera, porque habían comenzado a sentir la influencia del espectro… Algunos políticos, entonces, comenzaron a visitar la región, a hacer discursos, a vestir a los pobres harapientos de la región con cintas rojas y verdes, a hacer reuniones y dar fiestas populares, de esas donde se aprovecha para mantener a los pueblos drogados y borrachos por varios días en las calles… Las mafias, que no podían mover un bulto de drogas o de dinero sin usar a las pobres gentes de la región, también llegaron a un acuerdo permanente con Cordero. En resumen, se estaban cocinando las condiciones para que se generara una época de grandes males para la región, y todo esto era lo que, según Marino, tenía que terminar.
Marino sintió un aleteo siniestro al lado izquierdo de la ventanilla del auto. Era Emily. Hola, Emily… Hola, Marino, ya era hora, al fin vas a atacar, todas estamos muy contentas. Marino no entendía por qué los murciélagos casi siempre se referían a ellos en femenino. Tampoco entendía por qué a todos los murciélagos mensajeros se les llamaba Emily… Ah, bueno, pues sí, Emily, ya es el momento de atacar, ¿cómo te enteraste?, Bueno, toda la selva lo comenta, tú sabes, como el viento lleva los chismes, aquí sí que aplica eso de que los chismes vuelan, ja ja ja,… Sí, Emily, es verdad, pero… bueno, tengo que concentrarme en la ruta y en cómo voy a abordar la estrategia de ataque… No es cierto, un verdadero guerrero va a la muerte sin estrategia, bueno, me refiero a su muerte o a la de su enemigo, pero entiendo que quieras estar solo… Emily se alejo un poco del auto y como despedida dijo… No te preocupes, vamos a estar pendientes, te voy a acompañar un trayecto de la ruta, todas estamos a la expectativa… Eres muy amable, Emily, te estaré informando… Emily se alejó y Marino pensó… Malditos murciélagos, o matan lentamente anestesiando poco a poco a sus víctimas, chupándoles la sangre e inyectándole enfermedades, o se lanzan en manada al ataque y en menos de diez minutos tienen a su presa sin piel, sin ojos y sin oídos, es impresionante… El ataque de una colmena de murciélagos es realmente impresionante; ellos nunca beben de la sangre de un muerto. Tan pronto la vida abandona a un cuerpo, se retiran de éste en fría calma. Los hombres no han entendido el espíritu de los murciélagos… A decir verdad, no han entendido no solo el espíritu de los murciélagos, sino tampoco el espíritu de ninguna otra cosa, planta, árbol o animal… Y, para todos los efectos, los hombres ni siquiera han entendido el espíritu que llevan por dentro… Marino suspiró con cierta tristeza por este pensamiento; los hombres atacan a las colmenas de murciélagos con fuego, pero el fuego se ahoga en las cavernas, o hace que la colmena y el espíritu de ésta migren a otra caverna que siempre está preparada para este tipo de situaciones… Los hombres no entienden que algunos murciélagos nunca salen, sino que se mantienen engordándose en la caverna, funcionando como fuentes de energía para el espíritu, espíritu que se engendra cuando la colmena ya adquiere un cierto volumen y, desde entonces, tal espíritu impera y da las órdenes por control remoto a cada murciélago. El espíritu es muchísimo más inteligente que la suma de las inteligencias de cada murciélago aislado… El espíritu que, claro está, es una presencia electrónica que tiene un inmenso poder de cómputo, desde el centro de la caverna toma el control y recibe y envía las señales a cada integrante. La única forma de atacar a una colmena y a su espíritu es… Marino vaciló al iniciar este pensamiento; Emily aún volaba cerca y, obviamente, la colmena y el espíritu estarían pendientes de todos los mensajes que cruzaran por encima de la selva… Los pensamientos humanos también son objetos electrónicos que pueden ser interceptados por el espíritu de la colmena, y este pensamiento que iba a tener podría provocarle represalias… Bueno, qué más da lo que se piense cuando se está a las puertas de la muerte, se dijo Marino, además, ellos, o ellas, saben que él sabe… la única forma es con explosivos, porque éstos dañan la red de comunicación del espíritu con los murciélagos, los deja realmente sordos y ciegos. Así, el espíritu se desvanece poco a poco y los murciélagos habituados a recibir las órdenes desde un comando central quedan perdidos en las sombras sin saber si es de día o de noche… si un objeto es árbol o animal… Y terminan secándose y muriéndose al viento y a la lluvia. Marino sintió una presencia amenazadora en el cielo y se concentró en la ruta olvidándose de los murciélagos.