Excerpt for Alcásser, gris plata by Javi Gonzalez, available in its entirety at Smashwords

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Alcásser, gris plata.









Javi González

Propiedad Intelectual: TF-153 09

Dedicado a Mari, por inspirarme y apoyarme en cada día durante estos 15 años.



Quiero agradecer a La Cueva del Crimen por su colaboración y amistad, desde el principio y sin condiciones.

http://www.lacuevadelcrimen.com/













































Breve prólogo.



Lo normal es que una novela se adapte a guion, si ha tenido éxito, o le gustó especialmente a un director. En este caso ocurrió al revés; pues se trata de una historia que era un guion cinematográfico y me la rechazaron tantas veces por “polémica”, según los productores, que decidí transformarla a novela literaria; y que sea el propio lector quien conserve el derecho a juzgarla.

Para escribir una ficción que se desarrollara durante los asesinatos de Alcásser, pasé un periplo de casi un año de documentación, que me incluyó la lectura del Sumario, además de acudir a las hemerotecas, leer libros de otros autores, webs que no están de acuerdo con la versión oficial, y visionar decenas de materiales audiovisuales; a fin de poder situarme en la realidad sociocultural de la España de aquella época, y cómo eran también los submundos que deseaba recrear.

He procurado no tocar la sensibilidad y el honor de las familias de las víctimas. No fue nada fácil, pues a cada paso que daba en la narrativa, me encontraba con esa delgada línea que no quería pisar.

Esta obra, si cabe, no es más que una fusión entre ficción y realidad, con un solo fin: contar una historia.

Hubieron unas fotografías de las acciones judiciales durante el hallazgo de los cuerpos, que fueron censuradas junto con el resto del contenido de la web; en la que se preguntaba quiénes eran los dos hombres y la mujer que habían acudido en un Ford Escort gris plata, con la Guardia Civil. Una y otra vez al pie de cada foto, “quiénes eran estos tres civiles” que no figuraban en las actas. Y la pregunta quedó flotando en el aire.

Javi.















Capitulo 1





Valencia 1997.


La lámpara extensible cuelga desde el techo hasta la altura de las miradas de los tres hombres sentados en torno a la mesa, seccionándoles la frente con una filosa sombra, al tiempo que la cándida luz amarillenta eleva el humo de sus cigarros y exhalaciones nicotinadas. Un enorme cenicero de cristal enfría la brasa del tabaco quemado, que dejan caer con breves golpecitos. Junto a éste, una grabadora de bolsillo que revela el interrogatorio.


-“¿Pertenece usted a la Unión de Defensas de la Familia y el Individuo, llamada por las siglas UNADFI?”.


-“No, señor”.


-“¿Ha trabajado siguiendo órdenes indirectas de UNADFI, de alguno de sus miembros, o algún grupo afín a la lucha anti sectas?”


-“No sabría decirle”.


-“Pero, usted y su gente fueron contratados para perseguir y cazar miembros de sectas, consideradas destructivas...”


-“Funcionábamos en el extranjero desde mucho antes. En España, recién en 1992. Por eso no puedo decirle con exactitud, qué sector político-religioso nos contrató para operar en territorio español.”


-“¿Solicitaron su actividad, a razón de algún suceso en particular?


-“Los crímenes de Alcásser.”

El casete de la grabadora continúa girando, pero ahora es el botón de grabar el que está presionado. Frente a ella se pasa a la siguiente página del Libro de Actas. Es el oficial interrogador, y no los tres hombres, quien mira a Joaquín Castaneda por debajo de la misma lámpara. El hombre calvo, de 52 años, lo observa por encima de las lentillas con el aplomo suficiente que le permite retener y desarrollar el análisis mental, para encontrar puntos oscuros en la confesión.

Joaquín, moreno, bien parecido, de 44 años de edad; aguarda cada disparo sin mostrarse a la defensiva. Como si se tratase de una charla informativa, o una entrevista para una revista de culto.

El interrogador se ajusta las gafas:



-¿Cuánto tiempo estuvo trabajando en el caso?



Joaquín frunce los labios al tiempo que agudiza la mirada en los ojos de su interrogador.



-Hasta que ustedes me detuvieron, esta madrugada.



























Capítulo 2



Viernes 20 de Noviembre de 1992, Comunidad de Valencia.


El Ford Escort gris plata circula por una ondulante carretera comarcal, rodeada de árboles; en una tarde a la que le quedan pocas horas de luz.

Con Joaquín al volante, seis años más joven y gafas de sol; viaja Mara

de 35 años, castaña de cabello largo ondeado y abundante. Su nuca apoyada en el reposa cabeza, y la expresión distante como si fuera dormida. Sólo los rayos de sol que se cuelan como flashes entre los árboles, consiguen revelar sus ojos abiertos debajo de los cristales opacos.

Justo detrás de ella, Joan se remueve en el asiento trasero intentando apoyar mejor su espalda y que no se le entumezcan las piernas. Treinta y ocho años y un metro noventa de estatura, son cifras que no viajan muy cómodas en cualquier coche durante más de siete horas, por muy gentil que sea en insistir que Mara viaje delante.



-“Eran días en los que se presentaban multitud de testigos que afirmaban haber visto a las adolescentes, haciendo que la policía saliera disparada en busca de pistas. Pero la realidad era otra, y había quienes ya lo intuían.”- Narra la voz de Joaquín al interrogador.



El Ford Escort transita una curva donde la arboleda es más frondosa.



-“¿Y cuál era la realidad?”- Pregunta la voz del interrogador.







-“Sabíamos que en la Zona de Levante, estaban asentadas una serie de familias y hermandades de depravados sexuales, originarios de Ucrania,

Bélgica y Alemania, que alimentaban sus fantasías retorcidas, abusando de sus propios familiares, menores de edad y ancianos seniles; pero se estimaba que también de adolescentes indigentes e inmigrantes sin papeles.

Estábamos seguros, que habían dado un paso más allá. Ya lo habíamos visto en Venezuela, Brasil y Argentina.”


Desde el coche ven el cartel que reza: “Alcásser, zona urbana”; dejándolo atrás para adentrarse en un paisaje anfitrión de edificaciones bajas separadas por parcelas, que poco a poco se irán compactando hacia la zona del centro, sin ser mayores a dos y tres pisos. Ofreciendo una bóveda celeste con tonos anaranjados de un día que termina. Los tres viajantes concluyen para sus adentros, que habría estado bien llegar antes para que el sol les calentara sus cuerpos frioleros y adormecidos, por tanto viaje a las sombras de las montañas y los bosques.

Un sorprendente empapelado en los muros y farolas de todo el pueblo envía un mensaje al unísono a sus visitantes: “Ayúdanos a encontrarlas”. Debajo de esas letras rojas las fotografías de las tres adolescentes desaparecidas.


-“Ese día, una testigo terminaba de declarar haber visto a las tres niñas en Chiva. Una población cercana a la A-3. No era más que otro espejismo de la histeria social”.


Por fin el coche llega y se detiene frente al cuartel de la Guardia Civil. Joaquín baja seguido de Mara y Joan, que se estiran para reactivar sus miembros entumecidos. Reparan en algunos transeúntes que no reparan en su llegada. La sequía y la incertidumbre por la suerte de las pequeñas, pesa demasiado como para posar sus ojos en tantos personajes desconocidos que llegan al pueblo desde entonces: policía secreta, peritos, abogados, periodistas, y tantos etc que no han forjado ningún cambio.


Dentro del cuartel, son recibidos en el despacho del coronel Larrieta por éste y el capitán Troche, que les invitan a sentarse en los sillones que están dispuestos frente al escritorio. El coronel no tiene más que unos 53 años de edad, pero su aspecto de hombre agotado le hace aparentar cerca cerca de 60. Por el contrario al capitán se lo ve inquieto. Cualquier buen observador intuiría que está deseando darle un giro de tuerca a la situación. Seguramente no esté durmiendo más de 4 o 5 horas diarias y con poco apetito.

Joaquín saca un sobre del bolsillo de su chaqueta y se lo extiende a Larrieta.


-Esta es la autorización de Interior, coronel. Actuaremos siempre como testigos de la operativa de sus hombres, como de la Policía Judicial y de la Unidad Central de Operaciones.


El coronel abre el sobre mientras Joaquín continúa con su explicación.


-Nos limitaremos a recabar información del caso, para nuestro estudio. Ni las familias, y mucho menos la prensa, tienen por qué saber que nuestra Fundación participa en la investigación. Somos muy discretos realizando nuestros estudios criminológicos.


Larrieta ha acabado de leer la nota y asiente, al tiempo que la deja caer sobre tapete de su mesa.


-Está todo muy claro, señores.- suspira intentando ordenar sus ideas para explicarles el panorama. - Si por mí fuera, preferiría que los familiares no hicieran tanto ruido mediático; porque la presión errónea que aplican sobre mis hombres, es insoportable. Pero bueno, no me corresponde a mí, y tampoco es humano pedírselos.


-Si tuviéramos indicios reales de que aún están vivas, el vuelco de la población y la prensa, ya tendría que haber forzado su liberación. Pero lamentablemente aún estamos en el punto de partida, y ha pasado una semana.-Interviene Troche.


-Nos estamos dejando la piel en ésto, sin ningún resultado... En un mismo día, las crías han sido vistas en cuatro puntos diferentes de España...

Toda esta confusión, y el movimiento social desmedido, son un arma de doble filo, porque le crean unas expectativas poco realistas a las familias que no les permite ver cómo evolucionan los acontecimientos.


Joan los escucha con cierto asombro; pues parecía que ambos oficiales esperaban que alguien les visitara para desahogarse. De buenas a primeras estaban reflexionando y brindando información sobre la desaparición con tal avidez, que dejaban entrever la búsqueda de alguna respuesta que los consolase.

Joaquín y Mara entendían por otra parte, que los dos guardia civiles estaban sintiéndose víctimas de algo tal vez nuevo para ellos: la repercusión y el peso de la prensa.


-Que por lo que me dejan ver, la evolución es nula.- Les plantea Joaquín.


Larrieta enciende un cigarrillo y exhala el humo con la mirada desolada.


-Le pido a Dios que por lo menos me deje hallar los cuerpos.

















Capítulo 3



Un grupo de agentes de la Guardia Civil derriba a mazazos la puerta de un chalet abandonado en las afueras de Alcásser. Entran con linternas y armas en mano. El olor es nauseabundo.



-Joder; si va a ser que están aquí.- Esboza el teniente que encabeza el grupo.



Se separan inspeccionando cada habitación y rincón. Hasta que uno de los agentes se sobresalta al descubrir sobre un colchón, lo que no esperaba.



-¡Teniente! - grita.



Afuera aguarda impaciente el capitán Troche con dos agentes más, junto a los tres todo-terrenos de la Benemérita. El calor y el viento seco son insufribles. Por fin ve salir al teniente con el resto de los hombres, quien le avisa caminando hacia él.



-Aquí no hay nada capitán. Sólo la osamenta de un perro.



Troche da un puñetazo en el capó del vehículo que tiene al lado.



-¡Me cago en los videntes!



Pues había sido el testimonio de un supuesto vidente que llegó al cuartel al borde de una crisis de ansiedad, jurando que se había comunicado telepáticamente con las niñas, y estas le dijeron que las retenían en ese chalet.



En un bosque de naranjos dos policías judiciales, vestidos de paisano; Barroso, de 36 años, y Durán, de 35, se abren paso a duras penas, internándose cada vez más cuando ya está por anochecer.



-¿Dónde coño se habrán metido?- dice Barroso.



-Joder con las brujitas del tres al cuarto- masculla Durán, al tiempo que recibe un latigazo en el rostro de uno de los gajos.



De pronto se oyen los gritos de las dos mujeres, que corren hacia ellos asustadas. Llevan vestiduras estampadas, con colores exageradamente intensos, y portando un péndulo.



-¡Estamos aquí!- grita una -¡estamos aquí!



-Por fin les encontramos... ¡Estábamos perdidas!- exclama la otra.



Continúan corriendo hasta los agentes, exaltadas y asfixiadas por el esfuerzo físico. Ambos oficiales se miran fugazmente, escépticos.



-Por Dios,- continúa la primera -pensamos que nos moriríamos allí dentro.



-No pudimos encontrar a las niñas donde nos decían las cartas, el péndulo dejó de funcionar, y entonces nos perdimos.- Les explica la otra respirando con dificultad. -¡Ay qué bueno encontrarles!


Barroso las mira anonadado, se gira indignado hacia Durán, sacude la cabeza y vuelve sobre sus pasos.


-¡Manda narices, manda narices!.



Durante la noche vuelve a estar montado el control de seguridad en la carretera comarcal, cortando ambos sentidos de la vía. La Guardia Civil, fuertemente armada, inspecciona cada vehículo que transita. Piden la documentación, hacen abrir, maleteros, remolques, rulós y furgones. Luego los dejan marchar y pasan al siguiente.
































Capítulo 4



Octubre de 1992.



Sobre la mesa del salón de la casa de Pablo, éste, de 14 años, y su compañero de colegio Luis, de 15, hacen la tarea para el colegio sobre los 500 años del descubrimiento de América. Libros y láminas de Colón, carabelas, e ilustraciones del desembarco yacen esparcidos por el mantel.

Pablo está afanado en el calco de una de las ilustraciones.


-Tú y yo somos unos pringados, tío. Hasta tres veces nos preguntó Desi si queríamos preparar el trabajo con ellas, y dijimos que no.


Luis deja de escribir para replicarle.


-El “pringao” eres tú, que fuiste el único que dijo que no; y eso que eres amigo de ellas. Yo no podía responder por ti, que no tengo confianza.


Pablo hace una mueca de pena sin dejar de seguir las líneas de la ilustración, con su lápiz.


-Ya, pero si sabes que yo quería ir, me podrías haber ayudado... Si tú hubieses dicho que sí, no me habría negado.


A ésto, Luis lo mira incrédulo.


-Calla Pablo, calla. Yo flipo contigo... No haces más que hablarme de ella, te acompaño a pasar por frente a su casa en la bici; siempre me dices que cuando ella te dé la oportunidad se lo vas a decir; y cuando te las da, te cagas. Que eres un cagón. Y encima me culpas a mí... Lo tuyo es muy fuerte.- Concluye.


Luis, avergonzado, deja de dibujar e intenta explicarse.


-Es que yo iba a negarme dos veces nada más, pero como noté que Miriam empezaba a reírse... pues me negué otro poco para que quedara

como más real...


-So tonto... se reía porque ya lo sabe...- vuelve a escribir y continúa diciendo. -Seguramente hasta Esther y Toñi sepan que estás colado por Desi.


Pablo lo mira desconcertado; no había caído en que puede estar siendo tan evidente. Piensa un segundo, se siente tan avergonzado que se lleva el papel de calco a la cara.


-Joder...





























Capítulo 5



21 de Noviembre de 1992.


En la cafetería del hotel, Mara y Joan desayunan en una de las mesas junto a la ventana, mirando de a ratos en la televisón un programa matutino en el que entrevistan a los padres de una de las niñas. Si bien el televisor está ubicado al otro lado del recinto, al final de la barra, tiene el volúmen bajo, como si fuese un decorado; una pintura animada representando el sensacionalismo.

Los clientes que desayunan acodados en el mostrador, viajantes en su mayoría, cotejan la información de los periódicos con la entrevista televisiva. Y comentan entre ellos de forma esporádica, cuando la periodista toca alguna fibra sensible al entrevistado.

Joaquín acaba de bajar de la habitación, y enfila hacia la mesa seguido por la mirada del camarero, mientras repasa unas tazas. Él se percata y hace su pedido alzando la voz.


-Un leche y leche, y dos media lunas, por favor.


El camarero asiente y empieza a prepararlo.


-Buenos días...- saluda a sus compañeros tomando asiento con esa formalidad diaria pese a la confianza.


Ellos le responden el saludo con otro “buenos días”.


-Te comento que el padre de una de las niñas, tiene un despacho montado en el ayuntamiento, donde funciona una mesa coordinadora; desde panfletos, recepción de llamadas, a planificación de las búsquedas.- Le informa Mara, mientras él la escucha con atención.


-Ah, pues muy bien. Seguramente sea el que mejor posición económica tenga, de las tres familias.


Y mira hacia el televisor. A lo que Joan interviene.


-No es ese. Pero sí que ha estado en la tele.


-Larrieta cree que están muertas.- Reflexiona Mara


-Ayer lo vi muy afectado, pero es un hombre curtido... Sabrá sobrellevarlo: pasa que no es muy normal que desaparezca un grupo de

adolescentes en tu pueblo.- Explica Joaquín.


-Él supone que ya están muertas.- Dice Joan.


El camarero le trae a Joaquín el cortado y las media lunas.


-No le ofrecí agua. ¿O así está bien?- Le pregunta.


-Está bien, gracias.- Restándole importancia.


-Vale, que aproveche.- Y se marcha.


-Lo más probable es que ya las hayan matado.-reflexiona Mara -Pobres crías...


-Luego esa mesa coordinadora irá a por Larrieta.- Sentencia Joan.


-Y por todo lo que se ponga en medio. Más le vale encontrar los cuerpos, para que le entregue algo de descanso a las familias.- Añade ella.


Joaquín los escucha bebiendo los primeros sorbos.


-Sin embargo la UCO y la Policía Judicial, tienen esperanzas de que estén con vida porque les parece difícil que se secuestre a tres chicas para asesinarlas. Tienden a que algún grupo del Este, que trate con blancas, las tenga retenidas para comercializarlas.- Rebate Joaquín posando su taza en el platillo.


Ellos lo observan en silencio. Están muy escépticos a la idea de que aún estén con vida. De repente Joan siente esa oleada de ansiedad de quien aún no puede actuar.


-¿Cuándo nos darán instrucciones? Si las tienen vivas podríamos orientar a la UCO para que las rescaten...


Joaquín mastica observándolo. Bebe otr sorbo del cortado y continúa.


-No seas soberbio. Acabamos de llegar. Antes tenemos que recabar la información para cuando llegue el contacto de la Fundación. Nuestra misión va más allá de lo que ha pasado en este pueblo; y lo sabes.


-No te dejes llevar como cuando lo de Venezuela, Joan; que casi nos cuesta abandonar el país, eh.- Le advierte Mara.


-Que son tres crías, joder...- Se queja Joan controlando el tono de su voz para no llamar la atención.


-Nuestra tarea, es hacer que sean las últimas; el papel que tú quieres imponer es el que lleva la Policía Judicial.- Le advierte Joaquín.


De pronto los sorprende el bullicio de los clientes que están en la barra, y el aumento del volúmen de la televisión. Los tres miran intentando averiguar qué ocurre.


-Ahora otra más. ¿No te jode?- Espeta el camarero a los clientes que están desayunando a su alrededor.


La periodista habla a cámara desde el aparcamiento de una farmacia.


-Como les adelantábamos recién, se confirma que la extraña desaparición en la noche de ayer, de la farmacéutica de Olot, ha sido un secuestro.

María Angels Feliu, fue abordada anoche, cuando se disponía subir a su coche, y llevada por la fuerza en otro vehículo. Hoy, sus captores, han pedido rescate a la familia.


Joaquín y Mara cruzan sus miradas.


-Pues parece que estamos lejos de aspirar a que estas tres chicas sean las últimas...- Subraya Joan.

















Capítulo 6



Dentro del cuartel de la Guardia Civil, el trajín de agentes y testigos que entran y salen es constante. Son las últimas horas de la tarde y acaban de llegar más efectivos desde Valencia, que salen a realizar las pesquisas según las directrices que han surgido de los interrogatorios a los testigos de la mañana. Joaquín y el capitán Troche revisan las últimas declaraciones redactadas en folios, sobre dos escritorios apostados en el pasillo.

Se abre la puerta de la sala de interrogatorio que está a su derecha y sale una señora mayor, de rostro afable, gafas de aumento y pelo cano; detrás de ella Barroso y Durán, que acaban de interrogarla. Este último le indica con gentileza que aguarde en una de las sillas adjuntas a la pared, y ambos oficiales se acercan para informar a Troche.

El capitán alza la vista hacia ellos.


-¿Qué tal fue?


Joaquín deja sus folios para centrarse en la conversación.


Barroso niega con la cabeza encogiéndose de hombros, y habla en tono bajo para que no lo oiga la señora, que aguarda a solo unos metros de distancia. Eso obliga a que Joaquín deba acercarse para poder escucharlo.


-Es la única testigo ocular que asegura haber visto a las niñas, cuando subieron a un coche blanco. Pero está todo muy raro; no recuerda cómo

iban vestidas, pero sí que vio bien sus caras, y por otro lado, asegura que en el vehículo que se montaron ya viajaban cuatro ocupantes.- entonces agrega contrariado. -Unas crías con el perfil de estas tres niñas, jamás subirían en un turismo ocupado por cuatro desconocidos...


-Menos aún, faltándoles tan poco para llegar a la discoteca.- Interviene Durán.


Troche desvía rápidamente la vista hacia doña Dolores, y les pregunta.


-¿Desde qué distancia las vio?.


-Desde la ventana de su casa, a través de una persiana...-Responde Barroso con gesto escéptico.


-De vivir lejos de la carretera, esta señora es un lince.- Interviene Joaquín con ironía.


-Encima usa gafas permanentes...- Puntualiza Durán.


-Sabemos que vive junto a la gasolinera donde una parejita dejó a las chicas, pero tendremos que ver a qué distancia está su casa de la carretera y, de haber una farola de alumbrado público, comprobar si la

iluminación alcanza para ver los detalles que asegura la declarante.


Troche, determinado, empieza a recoger los folios.


-Pues vayamos hasta allí. Hagamos un informe pericial.


Los cuatro hombres recogen sus cosas y Durán se acerca a la testigo, para decirle que irán con ella hasta su casa.


Durante la noche, a través del cristal de una ventana, alguien observa a la patrulla de la Guardia Civil, aparcada en la carretera junto a los contenedores de la basura, y bajo la luz de la farola. Chófer y acompañante permanecen sentados, mientras se ve a Barroso merodeando la casa desde la carretera.

Barroso se lleva la radio a la boca, y en la habitación suena en forma estridente.


-“¿Los ves bien Durán?”


Quien miraba por la ventana era el oficial Durán, que a su vez responde llevándose el wolkie tolky a la altura de la boca.


-Perfectamente. Se distingue con claridad cuando sois dos o más personas montadas en el patrol.


-Pero si yo se lo he dicho, que las vi... las vi claramente subir al coche. Pero su compañero no se fía.- Interviene doña Dolores que está sentada en el borde de su cama.


-Ya...ya... Sí, si hemos visto que está bien iluminado; y que usted no vive tan lejos de la carretera, vaya...


Dolores se pone de pie y acompaña a Durán hacia el salón.


-Qué bah... Si estoy a unos metros. Y como vivo sólo con mi hija, y ella a veces no está, si oigo algo que me llama la atención, pues vigilo.


-Si no es por dudar de usted, doña Dolores. El tema es, que bueno, tenemos que contrastar...


Ya fuera de la casa, Durán ultima los informes con sus compañeros, mientras Joaquín los observa al margen.

Troche se frota la frente.


-No me encaja cómo estas tres niñas, pueden haber subido a un coche con cuatro desconocidos.


-A mi tampoco, pero lo hicieron...- Se resigna Barroso.


-Eran pasadas las 20:30, y la discoteca cerraba a las 21:30... Recorrer a pie los quinientos metros restantes, les parecería una eternidad y ¿ por eso se montaron en el coche ?.- Supone Durán, intentando acercarse al razonamiento de las desaparecidas.


-¿Con cuatro tíos...?- Troche, incrédulo.


-Estudiantes no eran, desde luego. No solo que ya estaban en la discoteca, sino que ni tienen carné para conducir. ¿Quién nos queda?...


- “Mis familiares”- Sentencia Joaquín.


A Barroso se le cae la planilla con los folios al suelo.

































Capítulo 7



6 de Noviembre de 1992


Es una mañana calurosa e igualmente seca que las anteriores.

Miguel Ricart, de 23 años, conduce un desvencijado Opel Corsa de color blanco, por la carretera con la música alta; a su lado, Antonio Anglés, dos años mayor que él, mete el dedo índice en el paquete de heroína y se lo introduce en la boca a su amigo Miguel.


-Dale el último beso, que ya estamos llegando.


-Que no me metas los dedos en la boca, joder.- Se queja asqueado.


-Que está buena, que está buena...- se mete un poco en la nariz y cierra el paquete. -Que ya no la vemos más...


-Déjate de mariconadas, que yo no soy tu hermano.- Haciendo alusión al rumor de que mantiene relaciones sexuales con su hermano menor.


A esto, Antonio le coge la entrepierna.


-Ains “Rubio”, ya te gustaría a ti ser hermanito mío.


-¡Déjame en paz, coño!- Reacciona Miguel , quitándole la mano.


Antonio da un brinco, señalando un cruce de calle y la urbanización

que está más adelante.


-¡Es aquí “Rubio”! Dobla aquí. Es en aquella urbanización de ahí.-Sigue señalando.


El coche se desvía entrando por el camino de tierra.


-Tira por aquí, hasta que yo te diga.- Le indica Antonio.


Tiempo después, el Opel Corsa se estaciona frente a una de las viviendas.

Miguel baja el volúmen de la música.


-Aquí hay “pasta”, tío. Si el fulano este se porta bien, sacaremos más que con los putos bancos.- Le dice Antonio enseñándole el paquete de heroína, y abre la portezuela para bajarse. -Espérame aquí, ¿vale?


Guarda el paquete dentro de su mono de trabajo, su camuflaje diario, y se baja del coche.

Cuando la puerta de la vivienda se abre, aparece la figura de “Duque”, de 44 años; moreno, desgarbado, bigote y pelo largo; recibe a Antonio con un abrazo, y lo acompaña rodeándole por el hombro hasta el salón, ubicado al fondo de la casa.


-¿Cómo va todo campeón? ¿Todo bien?- le pregunta Duque mientras caminan hacia la parte de atrás.


-De puta madre, tío. Te he traído una materia de primera calidad.


-Así me gusta “Ruben”, que me trates bien.- Le dice satisfecho apretándolo por el hombro contra él.


-Eso está hecho- Le agrega Antonio, servilmente.


Duque le indica con la mano que se siente.


Antonio abre el la cremallera de su mono y le alcanza el paquete.


-Pruébala Duque, es de primera.


-Sólo por brindar contigo, ¿vale? Lo que viene de ti no necesito comprobarlo.- Abriendo el paquete.


-Venga.- Sonríe el otro, ansioso.


Duque le facilita un fajo de billetes, que es el pago, y prepara un par de rayas.


-Tiene muy buena pinta. Un pico con ésto, debe ser la hostia.- Comenta Duque convencido.


Le extiende el espejo, y Antonio inhala. Duque hace lo mismo y se queda mirando a su proveedor. Las cuencas de sus ojos tienen tanta profundidad, que da la sensación de que mira desde la profundidad de sus oscuras intenciones.


-Tengo un encargo gordo, “Ruben”. Hay mucha pasta de por medio. Pero yo no lo puedo hacer porque me tengo que cuidar.


Antonio lo escucha aplicado.


-¿Hay que cargarse a alguien? Lo puedo arreglar con el “Rubio”, que va pa' lante con un par.


-No, qué bah... Pibas, pibas.


Antonio se ríe.


-Pero tío...¿A eso le llamas “algo gordo”? Está hecho...


-No son las putillas terminales de Macastre, “Ruben”. Me las pidió un amigo, que ni siquiera son para él.- Le aclara.


-Lo voy pillando... Por eso hay tanta pasta, ¿no?


Duque asiente sereno.


-Quieres tías normalitas o “pijas”, para una fiesta.


-Chiquillas, “Ruben”. Con las tetas fresquitas.


Antonio se ríe ansioso.


-Estos tíos, tienen toda la pasta que te puedas imaginar. Si nos portamos

bien con mi colega, se terminan los trapicheos, tío. Entramos en las grandes ligas, ¿entiendes?


Antonio asiente de tal manera, que quiere demostrarle a Duque que está comprendiendo claramente la importancia del encargo.


-Son una gente enferma de cojones, que dan sus fiestas, así en plan salvaje, donde se follan hasta un perro. ¿Entiendes lo que te digo?- y le extiende el espejo con otra línea. -Métete otra, venga; no te hagas el tímido.


Antonio aspira con fuerza, y se le llenan los ojos de lágrimas.


-La fiesta es el viernes que viene en un sitio que consiguió el colega. El resto es muy simple, mira: En Picassent empiezan las fiestas del

instituto, si te metes en la carretera que va a Coolor, eso es un cardúmen de niñas haciendo autoestop. Me entiendes ¿no?


Antonio se frota las manos, ansioso y espeta.


-Joder, qué fuerte.


-El jueves te pasas por aquí, y te confirmo el destino, ¿vale?


Antonio asiente resuelto.


-Antonio; como si tienes que meterte una farola, pero no me falles. Luego tendrás perras como para cumplir tu sueño viviendo en Brasil, y que te llamen el “Sugar”- Continúa Duque, ahora con énfasis.


A lo que su amigo empieza a reírse, emocionado.


-“Asuquiqui”, “sucaril”, qué cojones...- Sigue Duque, riéndose.


Antonio rompe en carcajadas.


-Por fin tío, ya era hora...- Reacciona exaltado por los efectos de la droga y el encargo.





































Capítulo 8



30 de Noviembre de 1992


Es una tarde extrañamente sofocante en Alcásser; tal vez por la sequía que asola la zona. En la habitación del hotel, Mara estudia los expedientes en la mesa junto al televisor, que está encendido con el volúmen al mínimo. Transmite como todas las tardes, reportajes en directo desde Alcásser.

Joan subraya con un marcador fluorescente en las fotocopias de los interrogatorios, los datos críticos que van aportando los testigos.

Mara empieza a mover el cuello y los hombros para descontracturarse.


-¿Quieres café?.- Le dice a Joan.


Éste gime absorto, porque no ha oído bien la pregunta.


-Que si quieres café...- Mientras se pone de pie.


-Sí... Me vendrá bien...-


Empieza a estirarse y se reincorpora para dirigirse hacia la pequeña ventana que da a las azoteas y tejados de las casas colindantes, aumentando la sensación de sofoco.

Ella se sitúa detrás de la cocina americana, y comienza a prepararlo.


-¿A qué hora regresa Joaquín de Valencia?- Le pregunta mientras limpia la cafetera.


Él mira su reloj pulsera.


-En una hora, más o menos... Hoy la UCO terminaba de inspeccionar la bahía portuaria.- se encoge de hombros para reflexionar. -Y también hoy, acaban las labores de búsqueda...- Sonríe con cierta ironía.


Mara llena la jarra con agua del grifo.


-Ya...


-A partir de mañana se moverán en base a pistas.- Agrega él.


Mientras deja calentando el agua en la cafetera y prepara las tazas, ella sentencia.


-Es cuando se acentuará la histeria del populacho:“las vi aquí, las vi allá”... las marchas con pancartas... llamadas anónimas... Lo de siempre.


-Llevamos más de diez días aquí... Los expedientes cantan la verdad por su ausencia: ni un solo dato sobre grupos religiosos, sectas, ni indagaciones a los “amos” de las fiestas. Parecen esquivarlos a

consciencia; no sé qué coño están investigando.- Se lamenta Joan.


-Es evidente que para algunos elementos de Interior, es una putada que haya ocurrido ésto en la Comunidad Valenciana. Hubiesen preferido que pasara en Euskadi o Cantabria.- Reflexiona ella.


Joan deja de mirar por la ventana y se vuelve hacia su compañera.


-Sabes que por aquí entra toda la “materia prima” que necesitan los rusos e italianos de Málaga, ¿no?.-


-Puedes decir Marbella, que nadie nos oye.- Ironiza ella.


Mara lleva los dos cafés a la mesa, y observa a Joan que se ha quedado junto a la ventana.


-No creas que te lo voy a llevar.


Él sonríe y se desplaza hasta la mesa para sentarse frente a Mara, y sigue.


-Joaquín entiende que aquí debemos actuar diferente a Latinoamérica, donde no nos cuidamos tanto de que caigan los políticos. Según él, España es un dormitorio de dos por dos, en el que tienes que jugar con el tiempo si quieres hacer Justicia.- dice ella y bebe un sorbo. -Mientras, caerán peones y alfiles, con aspavientos de prensa y gritos de los familiares de... Y todo el rollo.


Él reposa y se relaja para saborear el café, y reitera.


-Ya... En Latinoamérica nos daba lo mismo.


-Porque a los sudamericanos también les da lo mismo: si la cosa se pone muy fea, consiguen asilo político en sus países vecinos; de lo contrario, les volverán a votar. No pasa nada...


-Aquí no. Tienen mucha vida por delante. Son ambiciosamente jóvenes.- Coincide Joan.


-Y nosotros estamos para protegerlos.- agrega Mara antes de encender un cigarro. -El pueblo cree que son los jueces y la policía quien vela por estos elementos, pero somos nosotros, realizando estas cacerías en la oscuridad. Somos tan político-religioso como el CESID...- exhala el humo. -Nada es puro.


-Estas niñas sí, Mara.- encogiéndose de hombros. -Vale, en el fondo hago lo mismo que vosotros, pero pienso más en las víctimas que en los intereses de la Fundación.


Ella bebe otro sorbo de café.


-Aquí no hay “departamento de salud mental”, Joan. Terminarán retirándote.- Y hace una pausa sosteniendo su mirada. -Antes de que te suicides.




































Capítulo 9



6 de Noviembre de 1992.



Pablo y Luis caminan por la acera con la bicicleta a cuestas. Se habían montado los dos en ella hasta que pincharon, y ahora regresan andando a marcha forzada.


-Mañana tienes una buena excusa para pedirle la tarea: Has pinchado y no has podido ir a coger las hojas para estudiarlas.- Dice Luis.


-¿Tú crees? ¿No pareceré “pesao”?


-Me cago en la mar, tío. ¡Qué inseguridad! Se va a pasar el año y tú no le habrás dicho nada.- Reacciona harto.


A lo que Pablo intenta excusarse.


-Jolín, si el otro día la saludé como tú me...


Llegados a la esquina, se topan con dos chicas que vienen riéndose; quedando estupefactos.


-¡Desi, Miriam...!- Exclama Luis.


Pablo se queda paralizado.


En la Comarca, el Opel Corsa entra por un camino de tierra, desviándose de la carretera.


-Tira por aquí, hasta que yo te diga.- Le dice Antonio a Miguel .


Ya en una urbanización de adosados, se detienen frente a una de las viviendas, y Miguel baja el volúmen de la música.

Antonio le enseña la bolsa, casi eufórico.


-Aquí hay pasta, tío. Si a la fulana esta me la meto en el bolsillo, sacaremos más que con los putos bancos.-mira hacia la vivienda. -Tiene muchos contactos la hija' puta.- y abre la portezuela.

-Espérame aquí, ¿vale?


Guarda el paquete dentro de su mono de trabajo y se baja del coche.


Se abre la puerta de la vivienda y aparece la figura de Sonia de 42 años; delgada, morena, cabello largo y con el semblante débil por el ayuno. Saluda a Antonio con dos besos, y lo acompaña rodeándole por el hombro hasta el salón ubicado al fondo de la casa, donde hay dos mujeres más jóvenes, compartiendo un porro. El interior de la casa es oscuro, decorado con amuletos satánicos, artesanía fálica, libros, y un gran tapiz con la imagen que simboliza a Satán colgando en la pared.


-Siéntate “Sugar”, estás en tu casa.


Antonio saluda a las otras dos mujeres con un “hola”, a lo que ellas le responden, y se sienta. Sonia se acomoda cerca de una de las chicas, mientras él vacía la bolsa.


-Llevas el ayuno fatal Sonia, ¿eh?- Le dice preocupado.


-Todas lo llevamos igual, pero es lo menos que podemos hacer.


-Bueno, te he traído: carne de cabrito, pan negro, tabaco, vino...- saca tres botellas y un paquete envuelto. -Aquí tienes cáñamo triturado, y amapolas negras, para el brebaje ese que decís.


Ella consta que está todo, y le paga.


-Vale...-dice Antonio cogiendo el dinero.


-Otra cosa... Sabes que tenemos la ceremonia este viernes 13, ¿no?.


-Si, que viene Macumba Brasileña para hacer el ritual con vosotras.- Responde él, refiriéndose a la otra secta.


-¿Tú quieres ganar pasta?


Cuando Antonio va a responder le interrumpe y se le acerca para captar su atención.


-Mira “Sugar”, si tú te portas bien con “El Maestro Supremo” de Macumba, no sólo ganarás una pastón que te cagas, sino que te nombraremos Hermano Embajador de Las Hermanas del Halo de Belcebú; no te voy a andar con triquiñuelas.


-Y tú sabes que no aceptamos tíos...- Agrega la chica que está al lado de Sonia.


Antonio se cohíbe un poco, mirando a las tres mujeres; como si le hubieran ofrecido un cambio de planes que le pesa rechazar.


-Tenía pensado irme al Brasil... Pero si me nombráis embajador, no podré ¿verdad?- Tomándoselo como un cargo institucional.


Las mujeres se miran brevemente entre ellas, y asienten desinteresadas.


-Da igual, “Sugar”. Estamos en tus manos.- Le responde Sonia, quitándole el peso moral de encima.


-¿Qué tengo que hacer?


Ella señala el tapiz que cuelga de la pared.


-Consigue algunas niñas para ofrendar al Príncipe de los Imperios.

Si son vírgenes, te pagaremos mejor.


-Así que no quieres nada de Catarroja o Macastre.


Ella niega con la cabeza.


-Sería como que nos insultaras, fíjate lo que te digo.

En la carretera de Picassent las pillas de a puñados haciendo autoestop.

Métete lo que sea, pero tráelas.


Antonio piensa un momento.


-¿Cuánto hay?


-Un millón de “pelas” por chavala.


-El jueves te pasas por aquí, y te digo el sitio, que la puta pasma nos tiene hasta los ovarios.


Antonio se frota suavemente el labio inferior.


-Haced de cuenta que ya las tenéis.



















Capítulo 10



15 de Enero de 1993, Pamplona.


Suena el timbre en la pensión de doña Concepción, pensionista de 68 años de edad, que sale de la cocina hacia el pasillo. Pues está al llegar su hija del trabajo, y le había pedido que preparara un estofado de callos para almorzar; que le apetecía ya hace tiempo.

Abre la puerta y justamente es Fátima, su hija; una chica tan enérgica como elegante, de 32 años. Niega con la cabeza antes de saludar a su madre. Trae un papel en una mano y el bolso colgando del hombro.


-Perdona madre, pero no sé dónde coño he dejado las llaves.


La besa en la mejilla, y camina hasta la mesa para dejar el bolso. Concepción cierra la puerta, y la sigue.


-Hemos tenido un día en el Ayuntamiento hoy... Menos mal que ya es viernes.- Y empieza a buscar en el bolso.


-Pero hija, ¿otra vez te has dejado las llaves en el ayuntamiento...? - Le pregunta preocupada; pues no es la primera vez que le pasa.


Fátima deja de buscar en su bolso y se gira hacia su madre.


Mamá, te pido por favor, ¿eh? No empieces a recalcarme lo que ya me sé, que hoy tuve el día completito.- y pasa a quitarle importancia. -

Además, ésto es una pensión; si hay algo que sobra son llaves...


Le extiende el papel doblado que traía en la mano.


-Toma, que me lo ha dado el Concejal de Seguridad, para que lo coloques en la cocina común o en la puerta. Ya sabe que tú no ves la tele, pero me lo dio por la gente que se hospeda aquí.


Su madre lo despliega, y Fátima le explica mientras sigue afanada con su bolso.


-Es la foto de las tres niñas desaparecidas, que tú oyes en la radio.


Inexplicablemente Concepción se horroriza llevándose la mano a la boca.


-¡Ay hija, ay hija! ¡Ay Dios mío!


-¿Qué pasa mamá?- Le pregunta sobresaltada.


-¡Que estuvieron aquí esta mañana!- Y empieza a llorar.


-¡¿Quiénes?! ¿Qué dices?


-¡Esta niña y esta otra; y no las hospedé porque no traían documentación!


-¡¿Estás segura mamá?! Es muy fuerte lo que me estás diciendo.


Su madre retira una silla de la mesa y se sienta, porque no puede sostenerse de la emoción.


-¡Sí, hija, sí...! ¡¿Cómo iba a saberlo?!


Fátima da un brinco hasta la mesilla del teléfono.


-Tranquila mamá, que deben de estar en el pueblo. Voy a llamar a la Guardia Civil.


Con la misma histeria, o tal vez esperanza, corren por la carretera AP-7 hacia Valencia, el coche de paisano en el que viajan Durán y Barroso, un Patrol de la Benemérita con Troche y más agentes de la Guardia Civil, y el Ford Escort de Joaquín.


-Que no son ellas; tendrían que haberle pedido ayuda a la mujer o ir a la policía.- Niega Joaquín a Joan, mientras intenta no chocar contra el Patrol.


-La gente se está volviendo loca...- Recalca Mara, sujetándose al pasamanos que tiene encima de la ventanilla.


-Que no se las cruzó en la calle, joder. Habló con ellas. Y si no han ido a comisaría es porque deben estar en shock, seguramente vieron morir a la otra cría, o tuvieron que abandonarla.- Y se muerde un dedo con rabia. - ¡¿Es que queréis que estén muertas?!


En el Patrol, Troche coordina por radio los preparativos una vez estén en Valencia. En el mismo canal se oye la conversación que mantiene Barroso con la mesa operativa de Alcásser. La comunicación es tan caótica como el frenesí de la operación.


-Avisa al aeródromo que en menos de una hora estaremos allí, ¿vale? Que nos esperen con los motores en marcha. Y mantén el canal abierto con la mesa coordinadora del ayuntamiento.


El coche que conduce Durán, liderando la fila; parece que va a despegar del asfalto cuando pasa por las elevaciones de la maltrecha carretera. Realiza un violento rebaje de marchas para entrar en una curva cerrada.


-Repite Domínguez, por favor.- Habla Barroso por la radio, entre sacudidas, con un agente que se ha quedado dando apoyo en el cuartel de Alcásser.


-¡Que nos acaban de llamar otra vez , pero de la Comandancia de Pamplona; que una mujer las vio en la calle!. ¡Que las quiso meter en su casa, pero las crías echaron a correr!


-Mierda...- murmura. -Pide apoyo a la Policía Local de Pamplona. Que se vuelque toda a la calle, por favor. Corto y fuera.- Y cuelga el micrófono de la radio en el soporte.


-Recibido. Corto y fuera.


-¡Que sean ellas, joder!- Exclama Durán, eufórico.


-Esta vez sí, Durán. ¡Esta vez sí!.- Y dá un puñetazo al salpicadero.


Y pasan los tres vehículos golpeando contra una zona bacheada, para perderse de vista, detrás de la polvareda.

En una calle de Pamplona, dos patrullas de la Policía Local circulan despacio con las luces de emergencia encendidas; llegadas al cruce, una de ellas dobla a la izquierda, continuando a marcha moderada.


El interrogador le sirve agua a Joaquín, coloca un nuevo casete en la grabadora y continúa.


-Pero supuestamente las niñas ya estaban muertas. ¿Qué encontraron en Pamplona?


Joaquín apaga la colilla del cigarrillo en el cenicero.


-En Pamplona no había nada... La gente se condiciona tanto a un hecho deseado, que la mente termina haciéndole favores. - Y coge el vaso para beber agua.


-¿Supieron quiénes eran esas adolescentes que las vecinas vieron en la ciudad?


-Jamás dimos con ellas. Quienes fueran, seguramente huyeron, por la psicosis del pueblo.


-¿Qué pasó después?


-En Alcásser el coronel Larrieta reactivó la búsqueda, pidiendo efectivos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas, para inspeccionar los pozos de la zona.


En una granja abandonada, Troche y Barroso, contemplan impacientes cómo trabajan los buzos, alrededor de un aljibe. Se acerca el final de un día largo y frío en el que han inspeccionado 12 pozos y riachuelos, sin encontrar nada. Del interior del pozo sale un submarinista agotado; sus compañeros le vuelcan encima un cubo de agua para lavarlo. Se quita el equipo y mira Troche, negando con la cabeza en señal de que tampoco ha habido suerte. Barroso se da media vuelta indignado, para encaminarse hacia una de las patrullas.




















Capítulo 11



6 de Noviembre de 1992


El Opel Corsa avanza por el camino de tierra hacia la urbanización de adosados.


-Tira por aquí hasta que yo te diga.- Guía Antonio a Miguel .


Antonio va mirando los portales, hasta que ve un cartel pegado en una columna de alumbrado público.


-Párate “Rubio”, párate.- Pegándole palmaditas en el brazo a Miguel .


Detiene el coche de repente y baja el volúmen de la música. Antonio desciende y arranca el cartel, en el que se lee “fiesta estudiantil en discoteca Coolor”. Mientras lo lee empieza a sonreírse, y se mete en el coche para enseñarle el afiche a Miguel .


-¿Te acuerdas que te dije, que lo que necesitamos probar tú y yo son niñas tiernas?.- clava el dedo en el papel. - Fiesta estudiantil en Coolor. Es allí en Picassent, la semana que viene.


Miguel coge el papel y lo lee sonriente.


-Pero Antonio, joder, no nos dejarán entrar...


-¿Y quién dijo que vamos a entrar, “flipao”? Entre Alcásser y Picassent,

hay mogollón de chavalas haciendo dedo para ir a la discoteca. Las montamos en el coche con el cuento de que las acercamos, y hala...- se le desorbitan los ojos por la efusividad- ¡Hala “Rubio”...!





Capítulo 12




20 de Enero, 1993


Por fin llueve torrencialmente, luego de meses de sequía. Dos agentes que bajan de un Patrol corren al interior del cuartel de la Guardia Civil, para no ensoparse. Los truenos anuncian que la tormenta se prolongará por muchos días.

Dentro del despacho del coronel Larrieta, están reunidos con él en torno a su escritorio Troche, Joaquín, Mara y Joan.


-Acaba de llegar a Valencia el Inspector Jefe de la Brigada Central de Madrid, con su equipo. Reiniciará la búsqueda desde cero.- Les informa Larrieta.


-¿Usted queda relegado?- Pregunta Joaquín mientras enciende un cigarrillo.


El coronel suspira dejándose caer sobre el espaldar.


-Digamos que estaré a su disposición.- Y levanta el ceño en gesto de resignación.


-El Secretario de Estado, Miguel Viera, mantuvo una reunión con los padres de las niñas, en la que les ha prometido que habrá un antes y un después en la búsqueda de las pequeñas.- Revela Troche.


-¿Cómo les puede prometer eso, si ellos están en Madrid y no aquí?- Dice Joan indignado.


-Él Secretario imaginará que la UCO está desgastada; por otro lado, algo hay que prometer a unos padres desesperados.- Opina Mara, y hace un chasquido con la boca, en señal de asco.


-Todo el tinglado que está montando la prensa consigue que el pueblo presione y exija resultados.- Señala Joaquín.


-En los '80 recibíamos más respeto por parte de los medios.- Recuerda Larrieta.


-En estas épocas es hasta normal. Con la tasa del paro que hay, la sociedad está más irritable; ociosa y en sus casas. Es un caldo de cultivo para vender novela negra en directo.


-Ya... A eso se deben estos golpes de timón, dice usted. Y todo a costa nuestra...- Se queja el coronel.


Joan sonríe indignado.


-De ustedes, de las víctimas, sus familias y estos pueblos.


Saca su cajetilla de tabaco, y sigue.


-Alcásser no se recuperará jamás de este crimen. Estoy seguro que aún no hemos visto nada...


-Por favor... - interviene Troche.-Estos pueblos son como grandes familias. No es de recibo y ni están preparados para que les roben tres hijas. ¿Y qué nos queda por ver?-.


Joan da una calada a su cigarrillo mirando al capitán, pero evita extenderse para no irritarlo más. En cierta forma comprende su hartazgo porque él también lo sufre desde que han llegado, y ni siquiera conocía a las niñas.


-Capitán...- Interviene Mara en tono muy suave. -Con todo respeto: creo que usted no es consciente todavía de lo poco que valen en este circo y... del volcán que ahora mismo tienen bajo sus pies.


-Sin querer ofenderles, lo que intentamos decirles es, que ya hemos visto ésto muchas veces: un crimen salvaje en un pueblo pequeño...- Agrega Joaquín.


Larrieta se cruza de brazos escuchando a Joaquín.


-...Entre el aparato político y la prensa, manipulan un linchamiento de los investigadores, con los fines más variopintos que ustedes puedan imaginar.


-Perdone,- interrumpe el coronel -pero... ¿cómo sabe usted que éste es un crimen salvaje?


-Si no lo fuera, a las 48Hs habría encontrado a las niñas vivas. O a la

semana sus cadáveres. Pero las han escondido, para que todo su

dispositivo no descubra tres cuerpos exageradamente maltratados.


Larrieta permanece con la mirada perdida, mientras Troche se muerde el labio inferior pensativo.


















Capítulo 13



26 de Enero


En los bares, cientos de casas, y oficinas municipales, la noticia en la televisión deja perplejo al público; como si se tratase de un fantasma que todos creían esperar pero que en realidad nadie estaba preparado para ser recibir su mensaje.


- “En la mañana de hoy, han sido hallados los cadáveres de las tres adolescentes de Alcásser, desaparecidas la noche del 13 de Noviembre, cuando hacían autoestop camino a una fiesta estudiantil. El hallazgo se produjo cuando dos apicultores se disponían a iniciar sus tareas en el Paraje de Tous, a unos 35 kilómetros de Alcásser. Aún no se ha confirmado la identidad de los cuerpos hasta que se realicen las

autopsias, pero fuentes oficiales aseguran que coincide con las proporciones de las niñas, y sus vestimentas, ya que los cadáveres estaban vestidos. Finaliza así, la incansable búsqueda...”- Anunciaba la periodista de la cadena.


En la plaza del pueblo, frente al ayuntamiento, varios enviados especiales, de diferentes cadenas televisivas, informan en directo, con el ayuntamiento a sus espaldas. La acera del edificio municipal está abarrotada de gente, y dos policías locales que también han sido sorprendidos como sus vecinos, son preguntados por unos y otros sobre el hallazgo.


En medio del traqueteo por el pésimo estado de la pendiente, el Ford Escort trepa muy despacio por el camino hacia “La Romana”. Mara consigue recuperar la señal de la emisora que está emitiendo en directo, mientras Joan se mueve en el asiento hacia el centro para equilibrar más el peso del coche.


-Conectamos con María Muñóz, que nos informa desde Alcásser. Adelante María, dinos la última hora.- Le da pase el locutor.


-Bueno, parece que sí, que podrían ser las niñas. Aunque hasta la noche, cuando esté listo el informe de las primeras autopsias, es posible que no se sepa. El Juez Bort, ha tenido que llegar más tarde de lo

previsto para proceder con el levantamiento de los cuerpos porque se encontraba realizando actuaciones en otro levantamiento, que correspondía a un suicidio. Así que bueno...


El Ford Escort, frena, vuelve a poner primera, y avanza despacio, desviándose a veces del camino para sortear las piedras y los baches.


Ya en “La Romana” Mara y Joan toman nota de los detalles del levantamiento. Troche, junto a otro Guardia Civil ayuda al Juez y su secretaria que también toma notas de lo que va redactando el magistrado. Yacen tapados en el suelo los tres cuerpos. Durán ahuyenta a un reportero gráfico en el momento que dispara con su cámara.

Joaquín y Barroso se apartan de la escena para hablar a solas.


-No era así como quería encontrarlas...- Confiesa Barroso en voz baja.


-Por lo menos aparecieron..


-Hemos recogido pruebas como para parar

un tren.


-¿No le corresponde a la Brigada Central de Madrid?- Le pregunta Joaquín, extrañado.


-Están en Valencia; que les den. Mañana será otro día.- Y regresa con el resto.


-“Desde que llegaron los nuevos efectivos de la UCO, empezó la rivalidad con quienes llevaban el caso desde el principio.”- Narra Joaquín.



El coche de Joaquín transita lentamente hacia el hotel por las calles del pueblo; testigo de un teatro de miles de personajes conmocionados. Partícipes accidentales de una tragedia griega; vecinas consolándose entre ellas, hombres con el rostro ensombrecido por el dolor. Una señora llora abrazada a una farola donde está pegado un cartel con la foto de las niñas, lo arranca y se lo lleva al pecho sentándose en el bordillo de la acera. La prensa corriendo de un extremo a otro, en pos de los testimonios que vendan mejor.

En la casa de Pablo, en el dormitorio, a puerta cerrada, agoniza y muere de dolor el corazón de un alma pura. Yace en el suelo en posición fetal, envuelto con la ropa de cama, sacudiéndose con leves gemidos.


Luis corre a toda prisa varias calles gritando el nombre de su amigo. Abre la puerta de la casa de Pablo; la madre recién entra en el dormitorio, Luis entra tras ella. La madre coge a Pablo y le retira la manta. Su cuerpo está espasmódico, con los puños apretados y los ojos cerrados con fuerza, apretando los dientes. Luis lo mira paralizado, mientras la madre lo mece en sus brazos, llorando. Pablo empieza a temblar, se afloja y lanza un grito desgarrador que se afluata y evoluciona en un llanto desconsolado, abrazando a su madre.

Luis, se mueve indeciso, mientras nace el llanto, hasta que se deja caer deslizándose en la pared. Ahora mismo no tiene quién lo abrace.









Capítulo 14




Es una noche estrellada en el campo. Más que la tierra, que solo muestra los poblados iluminados. Joan permanece sentado sobre una roca, fumando en soledad. Lejos de él, Mara, de pie, contempla las luces de los pueblos. Dentro del coche, con las portezuelas abiertas y la luz interior encendida, aguarda Joaquín con la mirada ausente. Seguramente había sobrestimado su capacidad de predicción y tolerancia; seguramente, había subestimado la brutalidad de los asesinos.


Esa misma noche en el Instituto Anatómico Forense de Valencia, abrían las cremalleras de los sudarios que envolvían los cuerpos.


-Lo desvestiremos con mucho cuidado, ¿de acuerdo?.- Les indica el médico a cargo de la autopsia.


Siete forenses vestidos con túnicas celestes, guantes, cofia y tapabocas. También hay un cámara filmando, al igual un fotógrafo de la Guardia Civil, en aquella sala gélida y con olor a muerte.


-Intentemos no estropear lo que queda del tejido cutáneo.


El agua sucia corre por las canaletas de la camilla junto al cadáver.

Una mano enguantada cierra el grifo, el jefe médico coge el bisturí, mientras un ayudante toma notas.


-Bien; empecemos. Cadáver número uno... - Dice en voz alta para que quede registro en el audio de vídeo grabación.


Mientras tanto, Joaquín yace pensativo dentro del vehículo. Mara se acerca, enciende un cigarrillo y se apoya en el capó del motor.


-“La cabeza está separada del cuerpo. Brazos a la espalda del cadáver con ambas muñecas sujetas por una ligadura de doble nudo. El cuerpo aparece totalmente impregnado de tierra y se observan algunas larvas de

insectos en escasa cantidad.” -Narra la voz del forense.


Joan se cruza de brazos al tiempo que suspira elevando la vista al cielo.


-“Llama la atención que el antebrazo izquierdo está desprendido a nivel de la articulación del codo, faltando la maza muscular del propio antebrazo...”


Mara suelta el humo del cigarro en una larga exhalación.


-“...Cadáver Nº 2: tiene la cabeza igualmente separada del cuerpo. Cuero cabelludo desprendido formando un magma que resulta imposible diferenciar a los distintos cuerpos en estudio...”


Joaquín se baja del coche y apoya sus manos en el techo.


-“...Cadáver Nº 3: Cuero cabelludo desprendido del cráneo. Existe en la muñeca izquierda una lesión del tipo de erosiones, de unos 2 centímetros de anchura, con restos hemorrágicos y morfología circular, cuyas características se corresponden con haber sido producida por algún tipo de ligadura...”


A lo lejos se ve avanzar las luces de un vehículo, campo a través. Mara y Joaquín lo miran distraídos; cuando está más cerca intercambian miradas y se reincorporan. Joan se pone de pie, expectante; y cuando ve lo que parece una vieja camioneta Chevrolet, enfilar hacia al Ford, empieza a caminar hacia el punto de encuentro. El vehículo se detiene y Joan apura el paso.

Ante la mirada de Joaquín y Mara, desciende la figura de un hombre pequeño con una sotana que camina hacia ellos a contraluz de los faros de la camioneta. Se trata del sacerdote Vittorio, de unos 66 años. Se para en seco a unos metros y los observa un momento en silencio.


-¿Dónde está el otro?- Pregunta en tono hosco refiriéndose a Joan.


En eso llega agitado. El sacerdote vuelve a mirar a Joaquín.


-Estoy asignado para ustedes.- Le dice entregándole un sobre. -Me encontrarán aquí mañana por la noche.


Hace silencio y:


-Un consejo: cuando esto explote, dejen que todo ocurra a su alrededor, porque su trabajo está en otra parte.- los observa fríamente. -Dios les bendiga.


Se da la vuelta y se marcha hacia la camioneta. El vehículo hace un giro brusco en “u”, y se marcha velozmente.





















Capítulo 15



-Le entendí que usted desconocía el perfil político-religioso de quiénes les contrataban. Pero ya veo que está la Iglesia detrás.- Dice el interrogador.


-Podría haber aparecido el propio coronel Larrieta esa noche, en vez de aquél cura. Es más, yo esperaba que fuese alguien de la Benemérita.


-O alguien del CESID...- Esboza tendencioso mirando a Joaquín.


Él suspira cruzándose de brazos.


-El CESID no estuvo en Alcásser. Entre la “mala praxis” de Operación

Urbión-Bombilla-Mudo y que se venía lo de los GAL...- Descarta Joaquín.


-¿Urbión-Bombilla-Mudo? ¿Qué operación es esa?


-Conocida como “Operación Mengele”... Olvídese, no estuvieron en Alcásser...


Joaquín va a echarse otro cigarrillo a la boca, pero su cajetilla está vacía; el interrogador se lleva la mano al bolsillo derecho de la chaqueta, y le extiende sus propios cigarros.


-Gracias.- Dice Joaquín, sacando uno.


-¿Cómo supo la Guardia Civil que Antonio Anglés y Miguel Ricart, estaban implicados?.


Joaquín se sonríe.


-Pues verá... junto a la fosa había una receta de Metadona prescripta para Anglés.- y exhala el humo con cierta sorna.-Hasta detallaba el domicilio de su casa: estaba más localizable que un vendedor de coches.


El interrogador asiente con una pequeña sonrisa, mientras Joaquín busca estar más cómodo en la silla para continuar.


-Cuando la UCO montó el operativo de arresto contra Anglés, él ya no estaba. De hecho se dice que huyó por los techos... Pero quien sí cruzó todo el cordón policial para llevarle unas naranjas a la madre de Antonio, fue Ricart.- da otra calada. -Como si se tratara de un casting para sospechosos.


-Usted no creen que hayan sido ellos, ¿verdad?


-Si lo creyera, no me habrían arrestado esta madrugada.


-¿Qué hicieron ustedes al otro día?


Joaquín se acerca a la mesa para apoyarse.


-Como usted sabrá, la siguiente jornada fue muy intensa: ya había algunos resultados de las autopsias, llegaba el Profesor Frontela, los miembros de la UCO para peinar la zona donde se hallaron los cuerpos y le tomaban declaraciones a los Anglés.


En el despacho del coronel Larrieta, éste analiza las fotografías de las pruebas junto a Barroso y Troche; mientras Joaquín lee el expediente apoyado en la pared.


-“Mis compañeros habían viajado a Valencia, con el oficial Durán a recoger el primer informe de los forenses. Tanto los investigadores como nosotros, estábamos ansiosos por leerlo. Ellos ya habían detenido a los Anglés y a Ricart, gracias a los papeles desperdigados en los alrededores de la fosa. Milagrosamente, estaban a un paso de cerrar un caso que los había tenido tanto tiempo en vilo.”- Hace una pausa.- “Pero entonces entendieron, que se enfrentaban a un crimen aberrante y complejo.”


De pronto entran en el despacho Durán, Joan y Mara. Mientras Durán le entrega el informe a Larrieta, Joan se sienta en uno de los sillones cruzándose de piernas, y quedando inmerso en sus pensamientos con la mirada perdida en el piso. Mara permanece de pie, cruzada de brazos, y mira a Joaquín asintiendo con la cabeza: se trata de sectas.


-Vamos a tener que volver a tomarles declaraciones, principalmente al tal Ricart, porque ésto es espeluznante.- Le dice el oficial a Larrieta.


La Noche se cierne sobre ellos; el despacho se transforma en paisaje y el paisaje en manto de encubrimiento.

Un Opel Corsa, aparca sobre un lado de la carretera, a centímetros de los contenedores de la basura que están frente a la casa de doña Dolores, y tres chicas corren detrás para alcanzarle.


-“Tres crías, entre 14 y 15 años, que deciden rematar la noche en la última hora de fiesta que restaba en la discoteca.”- Relata a todos Durán, mientras el coronel inspecciona los informes.


Antonio asoma la cabeza por la ventanilla, apoyando las dos manos en la portezuela del coche.


-¿Vais a la fiesta estudiantil?


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